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Ángeles del Panteón de Reyes

Posted in Escultura

En cuanto al Panteón de Reyes, hay que destacar la existencia
de ocho apliques de bronce dorado con forma de ángeles portadores
de hachones encendidos. Su ejecución se debió a artistas müaneses,
barajándose los nombres de Clemente Censore según López Serrano
y Martínez y de Juan Antonio Ceroni según la mayoría de los
investigadores que parecen seguir la noticia dada por Lázaro Díaz
del Valle y la posterior afirmación de Rotondo
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, quien precisa que
el artista milanos vino a hacerlos llamado por Felipe IV. Por su
parte, Martín González indica que está documentada la intervención
en 1623 de Ceroni, el mismo que hizo la decoración escultórica
de la fachada del convento salmantino de San Esteban, en la elaboración
de modelos y en la ejecución de los ángeles lampadarios,
en cuya realización trabajaron también otros italianos bajo la dirección
de Crescenzi. El mismo Martín González había indicado
años antes que en la indicada fecha se le habían abonado a Ceroni
varias partidas por la ejecución de unos modelos en cera de los ángeles
y por haber moldeado otros en yeso, constando en 1624 otras
partidas por el fundido de las piezas en bronce; curiosamente, las
alas de las ocho figurillas se hicieron de plancha de cobre y por lo

tanto huecas, para ahorrar material y gasto según se desprende de
un pago efectuado al mismo artista y a sus oficiales en 1624, a razón
de doscientos reales cada par. El vaciado correspondió al también
italiano Juan de Monaco como se desprende de unos abonos
realizados entre 1622 y 1624; años después, en 1628, se llevan a
cabo otros pagos de los que se desprende que a Juan Bautista Berenchi
se entregaron cuarenta ducados por cada uno de los ocho
candeleras que portan los putti. Al parecer, las figuras no fueron
realizadas bien y por entero, sino a base de piezas, lo que fue muy
criticado a Crescenzi como responsable de los trabajos decorativos
del Panteón.
Las ocho figuras son diferentes entre sí y por lo tanto fueron
ejecutadas según modelos propios para cada una, aunque todas tengan
extraordinario parecido y muy semejantes dimensiones (72 x
53 x 40 cm.) De cuerpo rollizo, un ligero velo atenúa su desnudez,
en tanto que hacen graciosos gestos con los brazos para sostener los
candeleros.

 

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