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Crucificado de Gian Lorenzo Bernini

Posted in Escultura

https://www.patrimonionacional.es/colecciones-reales/categorias/detalles/8114/Cristo%20en%20la%20cruz/341

 

Sin embargo, una de las piezas señeras de la escultura del singular
monumento escurialense es el Crucificado de Gian Lorenzo
Bernini (1598-1680), que, unido a una cruz de madera pintada de
negro, se venera hoy en la pequeña capilla del Colegio. Fundido en
bronce y patinado en plateado con un barniz superior que le daba
aspecto de dorado, pero nunca dorado a fuego como se creía, la
imagen (164 X 120 x 22 cm.; la cruz: 228 x 170 cm.) presenta a
Cristo ya muerto, con la cabeza caída hacia el hombro derecho y
sin corona de espinas, mostrando herido el costado por la lanzada y
sujeto al madero con tres clavos; el tratamiento anatómico es de
gran corrección pero muy suave y con un hermoso rostro altamente
idealizado, denotando mayor serenidad y nobleza que el realizado
por Bernini para el palacio Pallavicini de Roma, que es algo más
pequeño que éste, pero de actitud más vital; el paño de pureza supone
la nota más barroca de la pieza con su movimiento y gusto por
el claroscuro en los plegados y la forma de hacer el nudo, contrarrestando
un tanto el menor quiebro de cintura y más reducida flexión
de rodillas que los de Tacca y Guidi, como ya advirtiera
Tormo. También hay que estar de acuerdo con la observación de
Gómez-Moreno de que el cuerpo es algo tenso para estar muerto.
La cartela con el INRI, de bronce dorado a fuego, presenta una ornamentación
muy barroca a base de moldura de rizos y conchas,
muy diferente a los habituales por entonces en España. La figura de

Cristo, que se encontraba bastante sucia y con el barniz oxidado,
fue sometida a una minuciosa restauración en 1993.
Según indican Filippo Baldinucci
52
y Domenico Bernini
53
,
esta imagen fue realizada para el altar del Panteón de Reyes por encargo
del rey Felipe IV. Pero el mismo Baldinucci comenta que la
pieza había sido entregada por el papa Inocencio X a la reina doña
Mariana de Austria al pasar por Milán el 4 de agosto de 1649 camino
de España para contraer matrimonio con el soberano español.
Ambas afirmaciones de Baldinucci parecen contradictorias por
cuanto, si la figura era un regalo papal, difícilmente podría haber
sido encargada previamente por el monarca. Más tarde, otro biógrafo
del artista, Stanislao Fraschetti
54
, completa la información diciendo
que Bernini hizo un crucificado por encargo del Papa, quien
lo regaló en una caja muy rica a doña Mariana de Austria, advirtiendo
que normalmente se dice que fue encargo directo del soberano
español. Tormo
55
opinaba que Bernini había hecho un Cristo
para El Vaticano por encargo de Urbano VIII y que esa sería la
imagen que Inocencio X regalaría al rey. A su vez, Gómez-Moreno
56
estima que no está clara la identificación hecha por Fraschetti
entre el Crucificado escurialense y el “corpo santo” regalado al rey
por Inocencio X, estimando que este último sería simplemente una
reliquia. Por su parte, Wittkower
57
, que comenta la obra inclinándose
por suponerla encargo real, precisa que una réplica de esta
imagen pudiera ser la mencionada en un inventario de Luis XIV en
1684. Asimismo conviene recordar que la figura tiene mucho parecido
con alguno de los crucificados conservados en la Basílica
Vaticana que fueron realizados por Ercole Ferrata siguiendo diseños
del maestro napolitano.
Lo que está fuera de duda es que, una vez llegada la imagen a El
Escorial en torno a 1649, fue instalada en el altar del Panteón, en
donde permanecería entre 1654 y 1659. Allí la menciona el P.
Santos en 1657, apareciendo ya ubicada en el Colegio en las edi

ciones de su libro en 1681 y 1698. Efectivamente, cuenta el mismo
P. Santos que no se dejó en el Panteón por ser pequeña para allí
-Tormo cree que debería decir “grande”-, disponiendo el rey que
se le hiciese un retablo en el Oratorio del Noviciado o capilla del
Colegio, en donde sustituyó a un lienzo de Tibaldi. Y en su lugar
fue colocado en el Panteón el Cristo de Domenico Guidi, que es el
que hoy preside el altar. Pero también cabe suponer que su singular
calidad y belleza produjo tal admiración que se pensó en situar la
creación de Bernini en un lugar de más fácil contemplación, ya que
el Panteón era lugar de visita reservada.

En relación con el traslado del Cristo de Bernini a la Capilla
del Colegio, el P. Ximénez, que precisa que la figura tiene “cinco
pies de alto”, describe el retablo situado en el testero de frente a
la silla del Rector, diciendo que es un retablo de “cinco varas y
media de alto con su zócalo, columnas, arquitrabe, friso y coronación
de mucha curiosidad y en el frontispicio un florón de
grande bizarría, todo dorado; con molduras, filetes, hojas y otros
ornamentos de vistosa composición. Fórmase en medio de este
Retablo un nicho o capilla cuadrada en que está colocada una
imagen de Christo Nuestro Señor crucificado, de preciosísima hechura”.
Expoliada por los franceses, el 19 de marzo de 1814 fue
trasladada de nuevo a su sitio desde la sala de la Trinidad
58
. La
imagen posiblemente se mantendría en este retablo hasta que, con
la llegada de los agustinos en el siglo XIX, se rehizo la capilla.
Pero, lamentablemente, con esta escultura viene ocurriendo ahora
aquello que, al parecer, el rey Felipe IV quería evitar: que no pudiese
ser contemplada su belleza; y ello se debe a que el acceso a
la capilla colegial no es fácil, por lo que sería deseable su traslado,
ya solicitado por Tormo en 1925, pudiendo encontrársele un
digno emplazamiento en la Basílica al igual que lo está el Crucificado
de Cellini

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