Crucificado de marfil sobre la cruz de ébano

En la misma habitación de Isabel Clara Eugenia se guarda un
bello Crucificado (35 X 34 X 7 cm.) también de marfil sobre una
cruz de ébano (73 x 39 cm.), conservado todo ello dentro de un pequeño
altar portátil de puertas abrideras (82 x 59 cm.) y con fondo
de terciopelo negro. Es un Cristo vivo, con la cabeza hacia lo alto y
la boca entreabierta, trabajados los cabellos, bigote y barba con finos
rizos. El paño de pureza está bien plegado y se sujeta al cuerpo
con una cuerda y un nudo. La pierna derecha está flexionada, en
tanto que la izquierda aparece rígida y como si sirviera de apoyo al

cuerpo para arquearse hacia delante y hacia arriba. Los brazos están
trabajados en fragmentos separados. Las vetas del marfil han sido
aprovechadas para semejar detalles de la anatomía. La sencilla
cartela con el INRI también es de marfil.
Aunque al pie de la caja hubo durante mucho tiempo una cartela
que rezaba “Alonso Cano / 1601-1667. Talla en marfil” y como
obra del artista granadino ha sido considerada en algunas ocasiones,
más correcto parece estimarlo como obra italiana del siglo
XVI dadas las afinidades con el Crucificado que Miguel Ángel
pintara para Vittoria Colonna y que fue ampliamente difundido por
grabados. De otra parte, desde antiguo viene siendo identificado
con el crucifijo legado a la Infanta Isabel Clara Eugenia por Felipe
II, quien lo conservaba en el Alcázar de Madrid tras haberlo recibido
del papa Pío V. Esta es la figura que se menciona en el inventario
de las entregas efectuadas al monasterio por el monarca,
concretamente en la de 1586, como un cristo de marfil de “una
quarta de alto” y unido a una cruz de diferente configuración, por lo
que no creemos que pueda mantenerse tal identificación. Parece, en
cambio, más correcta la hipótesis apuntada por Margarita Estella
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de identificarlo con el “Cristo de marfil en la cruz a lo vivo, de más
de una tercia de alto, con diadema de lo mismo”, unido a una cruz
“de évano, con el rretulo de la cruz sobre una tarjeta de marfil” y
conservada en un tabernáculo grande de dos puertas de ébano y forrado
“con terciopelo negro, con bisagras, falleva y passador de yerro
plateado, que tiene de alto poco más de una bara [y] de ancho
poco más de dos tercias”, que aparece mencionado en el inventario
que se realizó el 28 de diciembre de 1653 acerca de las piezas que
estaban a cargo del Guardajoyas de Palacio don Jerónimo de Villafuerte
y Zapata y del que hay constancia documental de que fue
entregado a Velázquez, posiblemente al año siguiente, para decorar
el Panteón de Reyes, misión de la que estaba encargado el pintor
por orden real
3l
. El crucificado fue instalado en la sacristía del
Panteón y allí lo mencionan el P. Santos en 1657 y el P. Ximénez
en 1764 y todavía Ponz algunos años después. Las posteriores reformas
acometidas en el lugar para adaptarlo a pudridero obligarían
a retirarlo de allí y pasarlo al emplazamiento actual, confundiéndolo
con el legado a Isabel Clara Eugenia por su padre.

 

 

Sobre nosotros Nicolás Jiménez Hernández

Dinamizador de inquietudes, creador de ideas, redactor de programas y proyectos, impulsor y gestor de iniciativas, promotor y comunicador. Gran capacidad de trabajo individual y en equipo, de adaptación a los cambios y para incorporar avances tecnologías al trabajo cotidiano.

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