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Crucificado del Altar Mayor de Panteón de Reyes

Posted in Escultura

En cuanto al Crucificado que hoy preside el altar del Panteón de
Reyes, aunque Ponz lo atribuyó equivocadamente a Tacca, no hay
duda de que se trata del realizado en Roma por Domenico Guidi,
que pasó a ser la imagen definitiva del lugar tras la momentánea y
sucesiva colocación de las realizadas por Tacca y Bernini. Al parecer,
según Palomino
3
, fue el duque de Terranova, embajador español
en Roma entre 1654 y 1657, quien encargó allí la imagen
cumpliendo los deseos de Felipe IV; y, una vez llegada a España a
mediados de 1659 y contemplada por el rey en el mes de noviembre
de ese mismo año en la Sala Ochavada del Alcázar madrileño, su
instalación en El Escorial fue acometida por Velázquez en 1660,
precisamente el mismo año de su fallecimiento, en cumplimiento de
sus funciones cortesanas. Según el mismo escritor, fue realizado
por el carrarés Domenico Guidi (1625-1701), sobrino de Giuliano
Finelli y, tal vez, hijo del arquitecto Antonio Guidi, que había estado
en España. La noticia del autor del “Parnaso Español” se documenta
con un escrito de Felipe IV fechado el 28 de julio de 1659
que, dado a conocer por Moran y Rudolf en 1992, indica que por
orden del marqués de Terranova se remitía desde tierras italianas
“una caxa en que viene un Santo Xto”. Es muy probable que el en

cargo se hubiera hecho inicialmente a Giuliano Finelli, discípulo de
Alessandro Algardi, pero el fallecimiento de éste en 1657 motivaría
que el encargo pasara a su sobrino, quien le había ayudado en las
obras de escultura que había acometido en la capilla del Tesoro en
la catedral de Ñapóles y que más tarde sería bastante estimado en la
Ciudad Eterna.
Con unas dimensiones de 125 x 100 x 30 cm., aproximadamente
(los “cinco pies de alto” que menciona el P. Ximénez), y realizado
en bronce dorado adosado a una cruz de mármol negro de Vizcaya,
Cristo aparece muerto y su anatomía presenta un modelado
académico que María Elena Gómez-Moreno ha calificado de tardíamente
manierista. La cabeza, con corona de espinas y de serenas
facciones, cae hacia la derecha, constituyendo la única nota que
rompe la verticalidad de la figura, cuyas piernas resultan, según
Tormo, más flexionadas que las de los crucificados de Tacca y
Bernini, pero en cambio “la factura es algo más apelmazada y menos
original y personal” en palabras de la misma historiadora. Sí es
cierto que las piernas dan la sensación de ser algo cortas, pero ello
puede ser debido a que el paño de pureza llega a ocultar buena
parte del muslo izquierdo, colgando algo más bajo por la parte
posterior. Iconográficamente, responde al tipo de Cristo de cuatro
clavos, tan propugnado por Pacheco, al igual que la presentación
del rótulo de la parte superior de la cruz en tres lenguas, aspectos
ambos que podrían ser debidos a la posible intervención de Velázquez
en el encargo. No obstante, Jennifer Montagu
5 estima que
este crucificado es una variante reducida del Cristo en la cruz que,
según Bellori, realizara Algardi por encargo de Agostino Franzone
para la capilla familiar en la iglesia de los santos Victorio y Carlos
en Genova, en la fundición de varias de cuyas esculturas habría intervenido,
al parecer, el propio Guidi; con ello carecería de fundamento
la suposición de Tormo acerca de la intervención velazqueña
en el tipo iconográfico. La imagen está adosada a una cruz de mármol
negro de Vizcaya, sobre la que aparece la cartela del INRI en
bronce dorado.

 

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