Historia

Historia Antigua

Hasta el momento no conocemos estudios sistematizados que, de forma general, nos ofrezcan una visión del territorio en períodos anteriores a la reconquista.

Alicia M. Canto en sus artículos “La Silla de Felipe II en El Escorial: un mito que se renueva” (Revista de Cantoblanco, nº 7, Mayo, 1999, Universidad Autónoma de Madrid) y “Silla de Felipe II: Un posible altar prerromano a Marte” (Historia de Iberia Vieja nº 2, Verano 2005)

“Los sucesivos acondicionamientos del lugar y los muchos retalles y retoques del granito han ido enmascarando con el tiempo el entonces muy vetusto aspecto del conjunto, que comenzó a recordarme con fuerza los bastantes santuarios rupestres con altares escalonados y oquedades que distintos pueblos prerromanos de estirpe céltica tallaron en muchos lugares de la mitad norte peninsular para rendir culto y ofrecer holocaustos a sus dioses. La búsqueda de paralelos no me fue difícil, porque acabo de dedicar unos años al estudio de otros aspectos del mundo celta, y tenía recientes las visitas y lecturas de lugares como la antigua Ulaca (Solosancho), El Raso (Candeleda,también en Ávila) o Panóias (Vila Real, Portugal, este recién reestu-diado por mi maestro en Heidelberg, Géza Alföldy). El complejo de Panóias, orientado al N-NE como en El Escorial, y con la misma curiosa forma abarquillada (como también Novás, Portela o Vilar de Per-dices), lo creo de particular interés, porque conserva varias inscripciones romanas del siglo III d.C. explicando el rito sacrificial correcto para cada una de las oquedades (inmolación de la víctima, desangración de la misma, incineración de las entrañas, quema de otros miembros, mezcla de líquidos, lavados lustrales, etc.” (1999)

Alicia M. Canto considera el conjunto como un ocus sacer o lugar sagrado, posiblemente depueblo vetón en su zona de contacto con los pueblos carpetanos por el conjunto de indicios que suelen acompañar tal tipo de complejos sacros de los antiguos.

Sobre todo por la enorme piedra caballera que preside la explanada central desde su milagroso y milenario equilibrio. Esta piedra se muestra inquietántemente expresiva, se mire de frente o de lado. De frente muestra toda la fiereza de una divinidad guerrera, y de lado recuerda claramente el perfil de una rapaz grande, sea buitre,águila u otra semejante; aves mensajeras, representantes y mediadoras de los antiguos dioses, que de verdad anidaban todavía (según diversas fuentes deXVI al XVIII) en los altos riscos justamente llamados de Abantos el abanto es un tipo de buitre), los cuales, como podemos comprobar, se hallarían directamente enfrente del altar.

Otros indicios considerados por Alicia M.Canto son su carácter fronterizo, su posición geográfica preminente, tanto en altura como en orientación, y una ubicación dominante sobre el entorno granítico. A todo ello cebría añadir según la autora la abundancia natural de robles (sagrados para los célticos), la frecuente caída de rayos (que hoy sabemos que se debe las mineralizaciones férricas), los posibles ritos adivinatorios mediante las rapaces vecinas de Abantos; un espeso bosque de caza mayor, de osos y  jabalíes, que ya se cita hacia 1345 en el libro de la Montería de Alfonso XI, la presencia de setas alucinógenas y, por supuesto, una gran cantidad de manantiales de aguas cristalinas. Ha de tenerse en cuenta también la existencia de un canto lo suficientemente grande y con cierta orientación natural que, con pocos retalles, permitiera la labra de un altar, sus escaleras y oquedades. Conviene ahora recordar que no lejos de la Silla existen otros interesantes cantos’; menos conocidos, así los llamados Mirador del Rey’; Mirador de la Reina y Canto de Castejón donde quedan epígrafes que recuerdan que allí aprendían los príncipes borbones cazar.

En todo caso,los más escépticos deben saber que he podido encontrar diversos y muy convenientes paralelos para ambas imágenes y usos, algunos en zonas dolménicas del norte de Europa.

La silla fue en sus orígenes un altar pre-romano para sacrificios. En estas alturas se hacía culto al Marte vetón, de hecho, en 1861 se descubrió proximamente, en dirección collado-villalba, y ya en época romana un ara dedicada a Mars Magnum, al Gran Marte.

 

 

 

 

Sin embargo existen aportaciones de gran valor que merecen ser resaltadas. En primero lugar por lo poco conocidas y valoradas. En segundo lugar porque sentarán las bases de nuevas interpretaciones socioterritoriales del sur de la Sierra de Guadarrama y, mas concretamente, del territorio escurialense.

 

La tercera de estas aportaciones viene siendo realizada por un conjunto de arqueólogos que trabajan en la definición del Itinerario de Antonino. Por su esfuerzo de síntesis destaco la aportación del arqueólogo Carlos Caballero quién en su interesantísimo artículo sobre “La mansio Miaccum, entre Beneficio y Monasterio” (2016) concluye que con “el nombre de mansio Miaccum podrían conocerse estos dos enclaves, próximos entre sí, asociados a caminos romanos y que comparten carácterísticas cronológicas y funcionales. Una de las posadas (Monesterio) daría servicio a la ruta 24 y la otra (El Beneficio) serviría a un ramal desprendido hacia el este para recorrer el piedemonte de la Sierra en su cara sur. No obstante, sería preciso ampliar las investigaciones arqueológicas, especialmente en Monesterio, para poder disponer de más datos”.

 


Edad Media

Las primeras alusiones históricas referidas a estos territorios se remontan al S.XII cuando pobladores segovianos, impulsados por la reconquista y la necesidad de tierras, colonizan la vertiente meridional de la Sierra del Guadarrama, acotando y adehesando para el ganado diferentes enclaves entrelazados por la red de vías pecuarias cuyo eje principal era la Cañada Real Leonesa.


Siglo XVI

En 1561, Felipe II, coincidiendo con el traslado de la capital del reino a Madrid, adquiere entre otros los terrenos de la Herrería, la Fresneda, el Campillo, Monesterio y El Escorial, sobre los que erigirá el Monasterio, de cuya fundación encargará a los monjes jerónimos. En los aledaños se construyen edificios que albergan oficios y dan alojamiento a los trabajadores que participan en la gran obra.

En 1583 se levanta la Casa de los Doctores y Catedráticos y poco después las Casas de Oficios (1587-1596), el allanamiento de la Lonja (1586) y el paredón del Plantel que delimita el espacio del Monasterio (1593).

De finales de siglo son los edificios de la Compaña (1590), la casa de las Pizarras y la Casa de las Parrillas (utilizada por Juan de Villanueva en el siglo XVIII como referencia urbanística de la localidad y hoy desaparecida).


Siglo XVII

En 1690, con Carlos II, se realizarán las Caballerizas Reales y Regalada (actualmente “El Parque”, última promoción de los Habsburgo en el Sitio Real.


Siglo XVIII

Felipe V, primer monarca de la dinastía borbónica, construye La Granja de San Ildefonso en Segovia por la que sentirá una especial preferencia. No obstante ordena la realización de loa Cuarteles para las Reales Guardias de Infanterías Españolas y Valonas en 1717 para cubrir las necesidades de la Corte.

Con Carlos III los Reales Sitios se convierten en capitales de una Corte itinerante en función de la época del año (los otoños los pasará en San Lorenzo de El Escorial).

En 1767 promulga la Cédula Real que contiene el Reglamento para la fábrica de Casas en el Real Sitio de San Lorenzo, el acta fundacional que establece las prerrogativas de la Corona en cuanto a la concesión de licencias, derechos de tanteo, calidad e higiene de las construcciones y prohibición de su ocupación de las Casas fuera de las Jornadas Reales.

El arquitecto Juan Esteban velará por ellas y proyectará un trazado urbano que continua el trazado ortogonal impuesto por el Monasterio, adaptándola a la topografía del terreno y a las irregulares manzanas preexistentes. A él se deben obras como la Casa Grande del Común (en el solar del actual Ayuntamiento), la Real Ballestería, la Casa de los Perros, el Hospital de San Carlos (1771), la Casa para arrendar de Felipe Díaz Bamonte (1771), las Cocheras de su Majestad (1772).

Otro arquitecto, Jaime Marquet se encargará de las obras del Real Coliseo Carlos III en 1770, cuya rehabilitación fue galardonada en 1980 con el Premio Nacional de Restauración.

En 1768 el arquitecto real Juan de Villanueva realiza la Casa del Cónsul. Otras obras del autor son las del Palacio del Marqués de Campo Villar (1769), la Casa de los Infantes D. Gabriel, D. Antonio Pascual y D. Francisco Javier (1769), la Casita del Infante (1771) y, probablemente, los Cuarteles de Inválidos y Voluntarios a Caballo (1774).

Sucedió en el cargo a Juan Esteban y elaboró en 1782 las Adiciones a la Real Cédula Real perteneciente a la fábrica de casas en el Sitio de San Lorenzo. A él también se deben la Tercera Casa de Oficios (1785), la Casa del Duque de Medinacelli (restaurada en 1985), la Casa de las Columnas o de las tiendas (1787), la reforma del Palacio de los Infantes D. Carlos María y D. Francisco de Paula, actual Euroforum, la ampliación del Mercado Público (1797) y otras numerosas obras en la localidad.

El 1792 se declara el Real Sitio de San Lorenzo como población nueva por Cédula otorgada por Carlos IV en Aranjuez, señalándose los términos y dotándola de jurisdicción civil, criminal y administrativa y término propio.


Siglo XIX

La invasión francesa en 1808 abrirá un período de decadencia y desolación en la ciudad (el Monasterio fue expoliado y se quemaron importantes edificios antes de abandonar la ciudad). Ello ocasionó el distanciamiento de las Jornadas Reales, hasta entonces fundamento económico del Real Sitio.

A mitad del siglo XIX el Ayuntamiento comienza a embellecer una ciudad que poco a poco va transformándose en el lugar de veraneo de las clases altas y de la burguesía madrileña. A ello contribuyen la construcción del ferrocarril y la desamortización de los bienes de la corona que adquiridos por particulares para construir numerosos hoteles estivales, impulsarán el resurgir de la economía local. A este impulso contribuirá la localización por esas fechas de la Escuela Superior de Ingenieros de Montes.

En 1885 Alfonso XII encarga la conservación del Monasterio a la Orden de San Agustín y organiza el Monasterio dividiéndolo en tres partes diferenciadas: el Palacio, el Convento y el Colegio que desde entonces adoptará su nombre.

San Lorenzo de El Escorial se ha convertido ya en una ciudad veraniega por excelencia en la que comienzan a aparecer urbanizaciones que satisfacen la demanda de la burguesía madrileña. Alfonso XIII realiza la designación de San Lorenzo de El Escorial como cabeza de partido judicial, convirtiendo a esta pequeña ciudad en el centro neurálgico de la zona oeste de la provincia de Madrid.


Siglo XX

La población no para de crecer, al mismo ritmo que un crecimiento urbanístico que da respuesta a las dos poblaciones que se dan cita en la localidad: la permanente y la de temporada. En esta evolución surgen diversos centros de enseñanza como el Centro de Estudios Superiores María Cristina, y los colegios de la Inmaculada Concepción y de las Carmelitas Descalzas.

A la conclusión de la Guerra Civil se concibe en el paraje de Cuelgamuros el Valle de los Caídos (1940), obra magna del régimen franquista en un entorno de gran belleza natural.

El reconocimiento de los valores que se dan cita en la localidad ha sido constante a lo largo del tiempo. La importancia y majestuosidad del Monasterio y su entorno se reconoce en 1931 con la declaración de Monumento Histórico-Artístico, reconocimiento que en 1984 se magnifica con la declaración de la UNESCO en 1984 como Patrimonio de la Humanidad.

Otros edificaciones de la localidad también se han hecho merecedoras de la declaración de Bienes de Interés Cultural, destacando la Casita del Infante, … En 1971 el Casco Urbano de San Lorenzo de El Escorial es declarado Conjunto-Histórico Artístico, con el objeto de conservar los valores que le son propios.

No queda atrás en estos reconocimientos su entorno natural. En 1961 el Pinar de Abantos es declarado “Paraje Pintoresco” y en 1995 la Herrería como bosque de especial interés ecológico, reconociéndose así el carácter exclusivo de los valores de la localidad.

La riqueza del patrimonio arquitectónico, la belleza de sus paisajes, el carácter de sus fiestas y la intensa actividad cultural desarrollada, hacen de San Lorenzo de El Escorial uno de los rincones más privilegiados de la región, que anualmente visitan mas de un millón de personas que se sienten atraídas por los encantos de una pequeña gran ciudad.


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