Leyendas

Las puertas del infierno.

Pero la historia más espeluznante es la que habla de las puertas del infierno. Se dice que el infierno, que por lo visto queda por debajo del suelo, tiene puertas de entrada. Una de ellas está en Italia, en Turín, y la otra, precisamente en El Escorial. La leyenda dice que el  rey Felipe II mando construir el Monasterio encima de la puerta del infierno para que hiciera de tapadera. Según dicen, estas entradas infernales tienen como vigilantes a perros con tres cabezas, los cancerberos.

Esta es una de las más clásicas leyendas de El Escorial. Parece ser que Felipe II mandó construir el Monasterio de El Escorial con un motivo principal, cerrar las puertas que, según se creía en el s. XVI, llevaban directamente al infierno.

El perro negro

Para acentuar la leyenda, mientras se realizaban las obras del Monasterio, los trabajadores estaban atemorizados por la presencia de un perro muy fiero que les perseguía. Cuentan que capturaron al perro y lo ahorcaron exhibiéndolo sobre una de las torres. También ha llegado hasta nuestros días la anécdota de que el propio Felipe II, residente en las dependencias del monasterio, una vez que concluyeron las obras, decía escuchar los ladridos del perro muerto.

Durante la construcción de dicho monasterio, por las noches aparecía un perro negro que aterrorizaba a los obreros. A pesar de que el animal fue ahorcado por deseo expreso del monarca, cuenta la leyenda que en el momento de su muerte, Felipe II seguía oyendo los ladridos del misterioso perro.

Se dedujo, y así ha permanecido la historia a lo largo de los siglos, que el perro negro de el Escorial era el guardián de una de las puertas del infierno que hay en este mundo y que precisamente está situada bajo el Monasterio de El Escorial.

Un tesoro oculto en San Lorenzo de El Escorial

También durante las obras del monasterio de El Escorial, un empleado llamado Rafael Corraliza decidió cogerse una gran cantidad de doblones de oro que había y huyó en dirección a Portugal. Cuando estaba en la Cima de los Pastores cayó y se hundió en ella sin saber más acerca de los doblones que se llevó consigo.

Se dice que la escultura de San Lorenzo que está en la fachada principal del monasterio mira hacia el punto donde está escondido el tesoro. Si alguien se anima a investigar esta leyenda de El Escorial, quien sabe si acabará siendo rico.

La pisada del diablo

Esta es otra antigua leyenda de San Lorenzo de El escorial. Dentro del bosque de la Herrería, en la finca de los ermitaños, hay una señal en una roca que tiene su propia leyenda. Se atribuye la marca a la huella del diablo, que enfurecido por no poder poseer el alma de una muchacha saltó sobre dicha roca dejando el hundimiento que podemos ver en la actualidad.

La parrilla.

Dicen que la planta del monasterio está inspirada en una parrilla en alusión a la muerte que tuvo San Lorenzo (quemado), esta es una de las leyendas más macabras

En busca de la piedra filosofal.

Dicen que Felipe II estaba obsesionado con la piedra filosofal y que utilizaba la alquimia y a los alquimistas para dar con ella. Por este motivo, Felipe II reunió en la gran biblioteca del monasterio, gran cantidad de tratados relacionados con esta misteriosa ciencia, así como literatura sobre magia y astrología. De hecho se dice que llegó a consumir brebajes. Pero lo cierto es que Felipe II estaba interesado en la alquimia por su delicada salud porque creía que a través de esta ciencia mejoraría.

Sala de los secretos.

Muy poca gente conoce que esa pequeña sala oscura y sin ningún ornamento que está después del panteón de Infantes es conocida como sala e los secretos. Y es que Juan de Herrera, el arquitecto, consiguió que dos personas colocadas en ángulos opuestos pudieran conversar, sin chillar y con enorme claridad, mientras que los que estaban en medio no oían nada.

La llave maestra.

Durante el reinado de Felipe II, a todos los súbditos que tenían llaves de las estancias les llamaba la atención (¿brujería tal vez? ¿elección divina?) que ellos tuvieran varias llaves y tuvieran que dar tres vueltas en cada puerta para abrirlas, y el monarca solo tuviera una y con una vuelta en cada puerta bastara. ¿Leyenda o ciencia?.

El renegado.

Una de las mejores leyendas es la del renegado. Cuentan que un obrero del monasterio, creyendo en los rumores de que el rey no podría sufragar los gastos de tan magna obra, se hizo con una bolsa llena de monedas y huyó al monte con tan mala suerte que cayó en una ciénaga y se hundió allí con todo el dinero que había robado, de ahí que se diga que en el pecado llevó la penitencia

Las esposas de Felipe II.

Ya hemos hablado de algunas apariciones en el monasterio. También se decía que las cuatro mujeres de Felipe II (María de Portugal, María Tudor, Isabel de Balois y Ana de Austria) paseaban, después de muertas, con cirios en sus manos por la lonja del monasterio durante las noches de luna llena.

Estatua de San Lorenzo.

Estaba claro que ‘el protagonista’ que da nombre al municipio de San Lorenzo de El Escorial tenía que tener una estatua en el monasterio y sobre él también recae una leyenda: se dice que la figura mira hacia la montaña que tiene en frente, hacia el lugar donde dicen que hay escondido un tesoro que nunca ha sido hallado.

Otra leyenda habla del diablo enfurecido. Dice que el propio Satanás se mostró en su forma original ante una niña que no quiso venderle su alma. Lleno de ira, golpeó el suelo con su pie y dejó la marca de su talón sobre la roca. La supuesta pisada está en las inmediaciones del paraje conocido como Silla de Felipe II. Ya sabemos que el agua y el hielo esculpen la piedra creando figuras y marcas asombrosas, basta con darse una vuelta por La Pedriza. Pero hablar de tafonis, diaclasas y otros fenómenos geológicos es menos efectista que esta historia del diablo.

 

Niño Pedrín

Cuentan en el pueblo que nevaba en el invierno de 1893,El niño Pedrin, era un vecino más de San Lorenzo del Escorial a su edad de 8 años era monaguillo en el monasterio de la localidad.

Una mañana el niño Pedrin se dirigió al monasterio para realizar sus labores de monaguillo, pero sin más desapareció misteriosamente. Al caer el sol y no aparecer Pedrin su madre puso sobre aviso al padre del niño, quién movilizo a los vecinos de San Lorenzo y a la guardia civil que comenzaron su búsqueda, la cual se dilato durante días sin éxito mientras las esperanzas desaparecían.

Fue a las semana aproximadamente cuando su cadáver fue hayado oculto en el monté Abantos por unos cazadores que frecuentaban el lugar. Nunca se ha sabido el motivo del asesinato, algunos dicen que fue secuestrado dentro del monasterio haciéndole así víctima de una conspiración, mientras otros cuentan que fue un vecino perturbado, un loco de la zona quién cometió tan cruel asesinato.

En el lugar donde se encontró el cuerpo de Pedrin, se puso una cruz en memoria del pequeño de 8 años asesinado brutalmente allí, en sus alrededores se dice ocurren cosas extrañas y misteriosas .

El programa de televisión Cuarto Milenio (Cuatro TV) dirigido por Iker Jiménez recoge el relato de testigos que afirman que un extraño ser de forma humana y aproximadamente 1,95 metro de altura, con unos ojos muy negros, apareció saltando desde detrás de un árbol hasta el borde de la carretera, posteriormente se incorporo para cruzar la carretera de un salto, para tras volver a incorporarse acercarse al barranco, dejándose caer por él.

Hoy día mucha gente desconoce la verdadera leyenda, pero existen testigos y testimonios que afirman, haber vivido situaciones extrañas en ese lugar. Gente que por el motivo que fuese estaba allí en la oscuridad de la noche, y de repente ver como de la abundante vegetación del lugar desciende una sombra de una estatura aproximada de 2 metros, negro mas negro que incluso se diferencia de la noche, de complexión fuerte y lo mas característico si cabe la posibilidad sin un rostro definido. aproximándose hacia el vehículo, como es obvio en este caso los testigos de tal escalofriante escena arrancan el coche y huyen desconcertados, despavoridos, sin dar crédito a lo que acaban de presenciar en ese mágico y oscuro monte abantos.

Otros testigos también hablan de unas voces de niño rodeando la cruz. Cruz que si nos acercamos podemos apreciar no solo el importante desgaste con el paso del tiempo, sino unas frases que narran un poco la tragedia que por aquel entonces se vivió en ese lugar, en la cruz de granito dice textualmente: “ 10 de febrero de 1893 fue hallado en este sitio el cadáver del desgraciado niño Pedrín Bravo y Bravo victima del brutal salvajismo”.

No se sabe quién cometió tan brutal crimen, Y lo más importante que es el ¿Por qué ? De ese salvajismo, lo que si está claro es que en el monte Abantos se están produciendo una serie de hechos que ya llevan tiempo llamando la atención de las personas que visitan el lugar.

La historia del niño Pedrín es bien conocida por los vecinos del pueblo y aunque era usado por nuestras madres para advertirnos de los peligros que nos acechan de niños lo cierto es que se conoce perfectamente quien asesinó y por que al niño Pedrín. Según la hemeroteca “El Chato de El Escorial” secuestro al infortunado niño con la intención de usar su sangre para cirar la porfiria que padecía. No he encontrado el enlace donde vienen los detalles pero esta historia es muy conocida en el pueblo y recuerdo haberla leido en periodicos d ela época, el “Chato” fue ajusticiado y muerto a garrote.

 

Con los antececentes del edificio, eran inevitables Los misterios del Escorial, título del infumable folletín publicado en 1845 por Gabino Leonor, donde se encenagaba en las torvas ficciones que nunca le han faltado al monasterio, al derivar su nombre de un escurridero de escorias apodado La Boca del Infierno. De ahí surgió la leyenda sobre el famoso perro negro que aullaba entre los andamios, con fuerte arrastrar de cadenas. Y en el que algunos quisieron ver al Can Cerbero, el guardián del Averno. Corrió la especie de que sus gemidos valían por los de los pobres, y sus cadenas por los impuestos para costear aquella fábrica que se levantaba a toda furia.

Peor aún fue lo sucedido el 21 de julio de 1577, fecha atribulada por semejante acumulación de sietes. A medianoche sobrevino una desapacible tempestad, resuelta en un avieso rayo que pareció recorrer el monasterio en construcción. Los mayores destrozos los hizo en la torre de la Botica, donde fundió sus campanas y quemó toda la madera como si fuese yesca. El fraile relojero, que tenía su celda cerca del carillón, se vio acometido de una fuerte melancolía, se le mudó la faz hasta dar en un color entreverado, y murió sin que nadie acertara a remediarlo.

Del infumable folletín de Gabino Leonor surgió la leyenda sobre el famoso perro negro que aullaba entre los andamios, con fuerte arrastrar de cadenas

Todo edificio que se precie cuenta con alguna leyenda que reta las leyes de la gravedad. En El Escorial ese alarde es la bóveda plana bajo el coro de la basílica

El Escorial requirió el concurso de la tecnología más avanzada de la época, de los mejores constructores e ingenieros de España y media Europa

Algunos achacaron el desastre a los gigantescos alambiques que operaban en aquella torre. Y si los laboratorios imponían los suyo, tampoco se quedaba atrás la heterodoxa biblioteca organizada por Benito Arias Montano, pasto para los círculos hermetistas que alentaron doctrinas non sanctasagazapados en el mismo bastión de Trento. O lo que se traía entre manos el inescrutable gremio de canteros, que se comunicaba entre sí con esa jerga para iniciados llamada pantoja.

Todo edificio que se precie cuenta con alguna leyenda que reta las leyes de la gravedad. En El Escorial ese alarde es la bóveda plana bajo el coro de la basílica. Se cuenta que el día de su inauguración -en presencia del rey y cortesanos- un pilar la sustenta en su centro, tal como ha pedido el monarca, receloso de que aquello se desplome. De pronto, Herrera se encarama a los maderos que rodean el soporte. Llega hasta arriba de él. Saca un papel del regazo. Y, ante el asombro de todos, lo desliza entre el tope del pilar y la bóveda, demostrando que ésta se sujeta por sí sola.

Sin embargo, el edificio no necesita de tales prestidigitaciones ni leyendas para resultar intrigante, o convertir a su arquitecto en el más admirado fuera de nuestro país durante mucho tiempo. Claro que hay amores que matan, como el que profesó al monasterio Albert Speer, el arquitecto de Hitler. O la revista Escorial, fundada en 1940 por un grupo de intelectuales falangistas. De ese canon saldrá la más militante arquitectura franquista, que en sus delirios verticales llegó a soñarse mitad monje, mitad soldado, hasta desembocar en el edificio ministerial que los madrileños suelen llamar Monasterio del Aire.

Pero El Escorial también inspiró los Nuevos Ministerios promovidos por el socialista Indalecio Prieto durante la Segunda República. No es casual: habían sido diseñados por Secundino Zuazo, quien mejor intuyó la universalidad del vocabulario escurialense, al percibir sus vínculos con los alcázares del desierto sirio, ya asimilados en España a través de la Alhambra. Un estilo, por tanto, de raíz oriental que aspiraba a sintetizar el gran modelo, el templo de Salomón, aunque este se fuera haciendo cada vez más grecolatino al internarse en la Europa renacentista. En el caso del Escorial, ese clasicismo italianizante de paredes y basamentos se hibridó con las techumbres flamencas y sus chapiteles de pizarra, como si Felipe II persiguiera reforzar por vía artística la muy cuarteada unidad religiosa que dividía sus dominios meridionales católicos y los septentrionales protestantes.

Un edificio de propósitos tan ambiciosos no estaba al alcance de cualquiera. Y tras la muerte del primer arquitecto, Juan Bautista de Toledo, el rey encontró un cómplice perfecto en Juan de Herrera, quien se planteó un clasicismo universal, un estilo de síntesis por la vía de la desornamentación. En lugar de acatar los valores pictóricos, escultóricos, metafóricos o antropomorfos de las artes constructivas, prefirió subrayar las relaciones geométricas abstractas, poniendo en pie las proporciones de manera escenográfica.

Lo hizo con no poco pragmatismo. El Escorial requirió el concurso de la tecnología más avanzada de la época, de los mejores constructores e ingenieros de España y media Europa. Esa concurrencia de gentes tan diversas obligó a muchas homologaciones, elevando a la vara castellana a unidad de medida de cuatro continentes. Y Herrera hubo de cuadrarla y cubicarla con multitud de módulos anteriores, en un esfuerzo sólo equiparable al que un país como Francia se atrevería a acometer dos siglos después, con su establecimiento del metro patrón.

Para aunar tales esfuerzos hubo que urdir un entramado burocrático que convirtió al edificio en embrión de un Estado moderno, capaz de concertar la investigación científica con la formación de futuros funcionarios y religiosos. Como alguien ha apuntado, un barrunto y mezcolanza de lo que hoy representan la Casa Blanca, la Biblioteca del Congreso y el Instituto Tecnológico de Massachusetts. No es extraño que aún sirviera como modelo para los Nuevos Ministerios madrileños.

En pleno siglo XVI, levantar semejante mole en menos de 23 años implicaba una muestra de poder impresionante. No se trataba sólo de un laboratorio químico, sino también de ideas. De semejante entrechoque de culturas saldrá uno de los mayores logros de nuestra convivencia, ese irrepetible destilado herreriano que es la Plaza Mayor española, como la que construyó en Madrid su discípulo Francisco de Mora. A la que seguirán más tarde ejemplos tan insuperables como la de Salamanca, ya con otras tendencias estilísticas. Y el modelo se exportará a todo el mundo hispano a través de sus plazas de Armas, en las que puede reconocerse el mismo programa universalista que alienta en ese vasto alambique de tendencias que es El Escorial.

 

Curiosidades

Con los antececentes del edificio, eran inevitables Los misterios del Escorial, título del infumable folletín publicado en 1845 por Gabino Leonor, donde se encenagaba en las torvas ficciones que nunca le han faltado al monasterio, al derivar su nombre de un escurridero de escorias apodado La Boca del Infierno. De ahí surgió la leyenda sobre el famoso perro negro que aullaba entre los andamios, con fuerte arrastrar de cadenas. Y en el que algunos quisieron ver al Can Cerbero, el guardián del Averno. Corrió la especie de que sus gemidos valían por los de los pobres, y sus cadenas por los impuestos para costear aquella fábrica que se levantaba a toda furia.

Peor aún fue lo sucedido el 21 de julio de 1577, fecha atribulada por semejante acumulación de sietes. A medianoche sobrevino una desapacible tempestad, resuelta en un avieso rayo que pareció recorrer el monasterio en construcción. Los mayores destrozos los hizo en la torre de la Botica, donde fundió sus campanas y quemó toda la madera como si fuese yesca. El fraile relojero, que tenía su celda cerca del carillón, se vio acometido de una fuerte melancolía, se le mudó la faz hasta dar en un color entreverado, y murió sin que nadie acertara a remediarlo.

Del infumable folletín de Gabino Leonor surgió la leyenda sobre el famoso perro negro que aullaba entre los andamios, con fuerte arrastrar de cadenas

Todo edificio que se precie cuenta con alguna leyenda que reta las leyes de la gravedad. En El Escorial ese alarde es la bóveda plana bajo el coro de la basílica

El Escorial requirió el concurso de la tecnología más avanzada de la época, de los mejores constructores e ingenieros de España y media Europa

Algunos achacaron el desastre a los gigantescos alambiques que operaban en aquella torre. Y si los laboratorios imponían los suyo, tampoco se quedaba atrás la heterodoxa biblioteca organizada por Benito Arias Montano, pasto para los círculos hermetistas que alentaron doctrinas non sanctasagazapados en el mismo bastión de Trento. O lo que se traía entre manos el inescrutable gremio de canteros, que se comunicaba entre sí con esa jerga para iniciados llamada pantoja.

Todo edificio que se precie cuenta con alguna leyenda que reta las leyes de la gravedad. En El Escorial ese alarde es la bóveda plana bajo el coro de la basílica. Se cuenta que el día de su inauguración -en presencia del rey y cortesanos- un pilar la sustenta en su centro, tal como ha pedido el monarca, receloso de que aquello se desplome. De pronto, Herrera se encarama a los maderos que rodean el soporte. Llega hasta arriba de él. Saca un papel del regazo. Y, ante el asombro de todos, lo desliza entre el tope del pilar y la bóveda, demostrando que ésta se sujeta por sí sola.

Sin embargo, el edificio no necesita de tales prestidigitaciones ni leyendas para resultar intrigante, o convertir a su arquitecto en el más admirado fuera de nuestro país durante mucho tiempo. Claro que hay amores que matan, como el que profesó al monasterio Albert Speer, el arquitecto de Hitler. O la revista Escorial, fundada en 1940 por un grupo de intelectuales falangistas. De ese canon saldrá la más militante arquitectura franquista, que en sus delirios verticales llegó a soñarse mitad monje, mitad soldado, hasta desembocar en el edificio ministerial que los madrileños suelen llamar Monasterio del Aire.

Pero El Escorial también inspiró los Nuevos Ministerios promovidos por el socialista Indalecio Prieto durante la Segunda República. No es casual: habían sido diseñados por Secundino Zuazo, quien mejor intuyó la universalidad del vocabulario escurialense, al percibir sus vínculos con los alcázares del desierto sirio, ya asimilados en España a través de la Alhambra. Un estilo, por tanto, de raíz oriental que aspiraba a sintetizar el gran modelo, el templo de Salomón, aunque este se fuera haciendo cada vez más grecolatino al internarse en la Europa renacentista. En el caso del Escorial, ese clasicismo italianizante de paredes y basamentos se hibridó con las techumbres flamencas y sus chapiteles de pizarra, como si Felipe II persiguiera reforzar por vía artística la muy cuarteada unidad religiosa que dividía sus dominios meridionales católicos y los septentrionales protestantes.

Un edificio de propósitos tan ambiciosos no estaba al alcance de cualquiera. Y tras la muerte del primer arquitecto, Juan Bautista de Toledo, el rey encontró un cómplice perfecto en Juan de Herrera, quien se planteó un clasicismo universal, un estilo de síntesis por la vía de la desornamentación. En lugar de acatar los valores pictóricos, escultóricos, metafóricos o antropomorfos de las artes constructivas, prefirió subrayar las relaciones geométricas abstractas, poniendo en pie las proporciones de manera escenográfica.

Lo hizo con no poco pragmatismo. El Escorial requirió el concurso de la tecnología más avanzada de la época, de los mejores constructores e ingenieros de España y media Europa. Esa concurrencia de gentes tan diversas obligó a muchas homologaciones, elevando a la vara castellana a unidad de medida de cuatro continentes. Y Herrera hubo de cuadrarla y cubicarla con multitud de módulos anteriores, en un esfuerzo sólo equiparable al que un país como Francia se atrevería a acometer dos siglos después, con su establecimiento del metro patrón.

Para aunar tales esfuerzos hubo que urdir un entramado burocrático que convirtió al edificio en embrión de un Estado moderno, capaz de concertar la investigación científica con la formación de futuros funcionarios y religiosos. Como alguien ha apuntado, un barrunto y mezcolanza de lo que hoy representan la Casa Blanca, la Biblioteca del Congreso y el Instituto Tecnológico de Massachusetts. No es extraño que aún sirviera como modelo para los Nuevos Ministerios madrileños.

En pleno siglo XVI, levantar semejante mole en menos de 23 años implicaba una muestra de poder impresionante. No se trataba sólo de un laboratorio químico, sino también de ideas. De semejante entrechoque de culturas saldrá uno de los mayores logros de nuestra convivencia, ese irrepetible destilado herreriano que es la Plaza Mayor española, como la que construyó en Madrid su discípulo Francisco de Mora. A la que seguirán más tarde ejemplos tan insuperables como la de Salamanca, ya con otras tendencias estilísticas. Y el modelo se exportará a todo el mundo hispano a través de sus plazas de Armas, en las que puede reconocerse el mismo programa universalista que alienta en ese vasto alambique de tendencias que es El Escorial.

El emplazamiento

La construcción del monasterio fue acometida por Felipe II para conmemorar la victoria de la batalla de San Quintín (1557) y perpetuar la gloria de la monarquía hispánica y la grandeza de la Casa de Austria pero…. ¿Por qué se levantó el austero monasterio en este lugar que ocupa 35.000 metros cuadrados? Algunos historiadores hablan de un extraño suceso que vivieron en primera persona los especialistas que buscaban el emplazamiento: Juan Bautista de Toledo, Juan de Huete, Pedro de la Hoz y Juan de Colmenar. Según esta teoría, la comisión que trataba de localizar el sitio definitivo fue testigo de una atronadora tormenta que obligó a los vecinos de la zona a encerrarse en sus casas. Los buscadores siguieron inspeccionando el terreno y la acción de los relámpagos les hizo «comprender» que ese debía ser el lugar ideal. Otras leyendas aseguran que en esta zona se encontraba una «boca de entrada al infierno» por la existencia de galerías de unas antiguas minas y por la constante caída de rayos en la zona -uno de ellos cayó sobre la sacristía del monasterio- que causaban el pánico entre la población de los alrededores.

Siete mil reliquias

Dos enormes altares-relicarios, pintados por Federico Zuccaro, acumulan más de siete mil reliquias de santos y santas que proceden de distintas partes del mundo. Unas se compraron y otras fueron recibidas, como si se tratara de obsequios, aunque no todas son auténticas. Las reliquias de esta colección, la mayor del mundo en su época, fueron reunidas por Felipe II con su correspondiente certificado de autenticidad, entregado por obispos y priores, y las conocidas como «las auténticas» suman hoy más de trescientas. En el monasterio se hallaron reliquias de todos los santos con excepción de tres: San José, San Juan Evangelista y Santiago el Mayor.

Una de las reliquias más famosas es una porción del paño, adquirida por el rey en 1588, con el que la Virgen se habría enjuagado los ojos en la Crucifixión. Unos años después se confirmó la falsedad de la pieza, pero Felipe II quiso tenerla a su lado en 1596 cuando se encontraba muy enfermo, dos años antes de su muerte, porque al parecer le producía alivio en las partes afectadas por el dolor.

Las huellas esotéricas

El Escorial, biblioteca, templo, centro de estudio, lugar de refugio y meditación, encierra un sinfín de misterios y enigmas que han atraído la curiosidad de historiadores y estudiosos de fenómenos extraños. Algunas pistas esotéricas se pueden encontrar, por ejemplo, en el comedor del monasterio donde es visible una línea divisoria que tenía la función de hacer de meridiano solar y doce signos zodiacales fueron empleados para marcar los meses del año.

En el Patio de los Reyes, donde se halla la última piedra del recinto colocada el 13 septiembre de 1584, sobresalen las estatuas de los seis monarcas de la tribu de Judea: David, Salomon, Ezequías, Josías, Josafat y Manases. La fecha no deja de ser curiosa porque también un 13 de septiembre, pero de 1598, fallecía Felipe II tras una larga enfermedad.

Por otro lado, en la enigmática biblioteca del monasterio, de 55 metros de longitud, se puede admirar la esfera armilar de Antonio Santucci, sostenida por cuatro misteriosas esfinges.

Los alquimistas

Gran parte del interés de Felipe II por la alquimia se basaba en el intento de recuperar su maltrecha salud y no tanto, como se ha dicho, por buscar la «piedra filosofal». Es por este motivo que la gran biblioteca del monasterio reúne toda clase de tratados relacionados con la alquimia, la magia y la astrología. Estos libros fueron catalogados como «prohibidos» y alguno de ellos como «Della Física», del alquimista boloñés Leonardo Fioravanti, estaba dedicado personalmente al monarca. Otro especialista inglés, Richard Stanihurst, recibió el encargo del rey de escribir una obra titulada «Toque de Alchimia» (1593) para distinguir a los auténticos alquimistas de los falsos y se cree incluso que este alquimista preparó brebajes y elixires para restablecer la debilitada salud del monarca. No se sabe a ciencia cierta si llegó a consumirlos. Lo que sí existe en la botica del monasterio son varios extraños artilugios de los alquimistas, muchos de ellos descritos por Jehan L’Hermite como la famosa «torre filosofal».

 

Los horóscopos

Felipe II ordenó que se le hiciesen varios horóscopos para descubrir más detalles de su vida. Uno de los más famosos fue el realizado por Matías Haco («Horóscopo Oficial o Prognosticón») en el que incluso interpretó la carta astral del monarca, con Júpiter como planeta dominante. Haco pronosticó algunos rasgos de la personalidad del monarca: frialdad, aridez, honradez, modestia y respeto; de agradable conversación y amable en el trato familiar; honesto con las leyes, amante de la justicia y la honradez. Argumentos y razonamientos de Matías Haco que, naturalmente, no podían crear ningún resquemor en el rey.

La leyenda del perro negro

Se cuenta que coincidiendo con el arranque de las obras del monasterio un perro negro se paseaba habitualmente por el lugar. La leyenda continua incidiendo en los sucesos de la madrugada de 21 de junio de 1577, cuando los monjes, entre los que se encontraba el padre Villacastín, escucharon unos aullidos estremecedores. Por tal motivo la comunidad religiosa decidió colocar un collar en el cuello del perro.

Enterado Felipe II, el monarca quiso acabar con la vida del perro colgándolo en una de las ventanas del convento. Veintiún años después, cuando «el rey de negro» agonizaba, preguntó al padre Villacastín por el perro en cuestión, asegurando al religioso que había vuelto a ver al animal. Algunos interpretaron el suceso pensando que el monarca asociaba, quizás, al perro negro con la muerte.

La sala de los secretos

Otra curiosidad del monasterio. Se trata de una pequeña sala oscura y sin ningún ornamento que encontramos después de visitar el panteón de Infantes en la parte oeste del edificio. Juan de Herrera consiguió que dos personas colocadas en ángulos opuestos pudieran conversar, sin chillar y con enorme claridad, mientras que los que estaban en medio no oían nada.

El pudridero

Aunque para muchos es un lugar espeluznante y poco conocido, el Pudridero Real encierra toda una historia llena de misterios. Para empezar solo son los agustinos los que pueden acceder a este espacio próximo al Panteón Real, donde los restos mortales de los miembros de la familia del rey, cubiertos de cal, permanecen durante más de 25 años tras una ceremonia que se repite desde hace siglos. El espacio, de unos 16 metros cuadrados, es vigilado por unos 50 frailes de la comunidad agustina que vive en el monasterio desde 1885. Nadie más puede entrar en el habitáculo.

La extraña muerte del Príncipe Carlos

Otro de los enigmas que encierra El Escorial tiene como protagonista al príncipe Carlos, primer hijo de Felipe II y de María Manuela de Portugal. El niño, nacido en 1545, tenía un carácter conflictivo y creció sin el calor materno pues su madre falleció tras el parto. Al príncipe se le definió como cabezota, mal estudiante y vicioso, pero sus problemas se acentuaron después de una caída por las escaleras. Los médicos le practicaron una trepanación que no impidió, sin embargo, sus continuos desequilibrios y tendencias suicidas.

Felipe II llegó a pensar que el joven conspiraba contra él y ordenó su encarcelamiento. Al cumplir los 23 años, el príncipe fue encontrado muerto y, aunque la versión oficial incidía en que la causa del fallecimiento era un atracón de comida tras haber emprendido una huelga de hambre, muchas fueron las conjeturas sobre si el rey asesinó a su hijo mientras estaba detenido. Nunca se confirmó esta teoría, pero sí quedó claro que el príncipe falleció en gran medida por su gran debilidad física.

 

 

Desde el inicio de su construcción, en 1563, el Monasterio de San Lorenzo ha estado rodeado de un inevitable halo de misterio. Leyendas y mitos que han acompañado a la historia de este monumento, salpicándola de esoterismo y ciencias ocultas. El conocido escritor y periodista Juan Ignacio Cuesta Millán ha sido el último en acercarse a esta otra realidad de la llamada octava maravilla del mundo con la publicación de La boca del infierno. Claves ocultas de El Escorial (Aguilar).

Las fuerzas del averno
Quizá lo primero que llame la atención del Monasterio es su emplazamiento, en un lugar abrupto, a 50 kilómetros de Madrid, con cierta mala fama y donde hasta la llegada de Felipe II y su corte no había más que un pequeño poblado minero, al parecer azotado en su momento por la peste negra y el paludismo. Un lugar, que según explica Cuesta Millán, era conocido como La boca del infierno. “Una de las leyendas que más llamó la atención al monarca es la presencia en este valle de unas galerías, unas minas de hierro, por lo que se decía que desde ahí se accedía al infierno, y quizá en su ánimo pesó la intención de tapar esa boca del infierno para que las fuerzas del averno no salieran hacia fuera”, explicaba el escritor el pasado domingo en el programa de televisión Cuarto Milenio. En este sentido, Cuesta mantiene que la idea de Felipe II era concentrar todas las fuerzas del bien para hacer frente a las del mal. “Convocó una reunión de expertos, formada por médicos, astrólogos, arquitectos, ingenieros y zahoríes; éstos últimos tenían como misión encontrar las fuerzas telúricas”. En esa búsqueda, algunos sabios mostraron una rotunda oposición a la elección de El Escorial, pero finalmente el Monasterio se construyó aquí, primero bajo las órdenes de Juan Bautista de Toledo, y a su muerte, en 1567, del cántabro Juan de Herrera, de quien se dice que tuvo cierta vinculación con las ciencias ocultas. Más allá de posibles misterios, lo que sí hizo fue imponer una nueva técnica de trabajo, agilizando las obras, que terminaron el 13 de septiembre de 1584, después de 21 años, un tiempo récord para la época.

El templo de Salomón
Al margen de la mano, los planos y trazados de los arquitectos, Felipe II controló el proyecto en primera persona, en una doble vertiente de Rex – Sacerdos (rey y monje) que le llevó a defender por encima de todo los dogmas del catolicismo. Temeroso de la muerte y cristiano devoto, dejó escrito que deberían ofrecerse hasta 60.000 misas por su alma, y su austera habitación, se diría que impropia del que fue el hombre más poderoso del planeta, comunicaba directamente con el altar mayor. En este sentido, numerosos historiadores ven en la figura de Felipe II y la obra del Monasterio un trasunto del Rey Salomón y su templo de Jerusalén. De hecho, siguiendo el consejo del bibliotecario Benito Arias Montano, recordó a los reyes de Judá con las estatuas que presiden la entrada a la basílica, situando en el centro a David y Salomón. Las coincidencias empiezan en el uso, ya que no se quedó en palacio, sino también es convento e iglesia. Es decir, casa del rey, de los sacerdotes y de Dios. En cuanto a la arquitectura, emplea como base las figuras del triángulo, el cuadrado y el círculo. “Estas formas se combinaban mediante la proporción sagrada, la proporción áurea, algo que ya se conocía desde los tiempos de los griegos, el número 1,618, que hace que los edificios sean armónicos”, señala Juan Ignacio Cuesta Millán. Una proporción en la que se combinan aspectos divinos y matemáticos y que en el interior del Monasterio resulta especialmente llamativa en la parte destinada al convento, la que más semejanza guardaría con el templo de Salomón, con cuatro patios en la parte delantera, situando en el centro el de los Evangelistas.

En este recorrido, tampoco podemos olvidar la relación con los alquimistas, buscando medicamentos secretos y, especialmente, el oro líquido. Y entramos así en el terreno de las leyendas, que quizá tengan su episodio más popular en la del perro negro. Historia que recuerda en su libro Juan Ignacio Cuesta y que el agustino Carlos Vicuña ya dejó escrita en 1975 en sus Anécdotas de El Escorial.

La leyenda del perro negro
Desde hacía tiempo, algunos obreros y frailes comentaban que entre los andamios aparecía todas las noches un enorme perro negro, que lanzaba angustiosos aullidos, arrastrando una cadena de hierro; aviso de Dios por los despilfarros en el Monasterio o imagen del mismo demonio, había interpretaciones para todos los gustos, hasta que el 25 de agosto de 1577 los aullidos se hicieron más fuertes. El padre Villacastín, acompañado por otro religioso, encontró a un perro, que al parecer pertenecía a un consejero del Rey. El animal, que se había perdido en las laberínticas galerías del Monasterio, fue ahorcado. Hasta aquí, la historia; la leyenda dice que Felipe II siguió escuchando al perro negro, especialmente en los peores momentos de su vida, e incluso en el propio lecho de muerte. En todo caso, la aparición de este supuesto terror de forma animal vino a coincidir en el año con otros desgraciados sucesos: el motín de los canteros vizcaínos, la ejecución de un hombre que fue quemado vivo en El Escorial por haber cometido un delito de pederastia, y el primer incendio del Monasterio, el 21 de julio de 1577, fecha que algunos “agoreros coetáneos”, como los denomina el padre Vicuña, consideraban fatídica, por la acumulación de sietes. Las leyendas nos llevarían también al lugar conocido como la Pisada del Diablo, donde dicen que el demonio tentó a una joven ermitaña; al supuesto tesoro de El Escorial, que estaría en el lugar al que miran los ojos de la estatua de San Lorenzo situada en la fachada principal; y sobre todo al ladrillo de oro, que no es tal, sino una urna cubierta por una lámina de bronce dorado situada en una de las cúpulas; en un principio se pensó que contenía las reliquias de Santa Bárbara, que finalmente están en la gran bola de bronce que remata dicha aguja.

Más de 7.000 reliquias
Y enlazamos así de nuevo con esa profunda y hasta enfermiza fe de Felipe II, auténtico coleccionista de reliquias (más de 7.000 alberga el Monasterio), destacando entre todas la de la sagrada forma, que llegó a El Escorial desde Holanda, después de que un soldado, en el asalto a la catedral de Gorkum, la pisotease, haciendo tres agujeros de los que cuenta la historia que empezó a salir sangre. Hoy, más de cuatro siglos después, se conserva en la Sacristía, tras un óleo de Claudio Coello, siendo expuesta al público dos veces al año

 

Otra leyenda muy graciosa es la de las llaves de Felipe II. Se cuenta que todos aquellos que vivían en el monasterio y que tenían en su poder las llaves de las puertas del recinto debían abrirlas dando hasta tres vueltas en la cerradura, mientras que Felipe II, abría con la misma llave todas las puertas y dando una sola vuelta a la misma. Obviamente, el rey contaba con una llave maestra, pero en aquellos tiempos a la gente le resultaba muy curioso este asunto.

Bóvedas planas y ladrillos de oro

Una de las historias más divertidas es la de la bóveda plana. Juan de Herrera, el arquitecto que puso en pie el Monasterio, diseñó una bóveda completamente plana, que por otra parte es la base de la parte frontal del coro, con lo que el peso que debe soportar es considerable. Ante los planos, Felipe II se negó a que se llevara a cabo semejante proyecto y ordenó al arquitecto añadir una columna en el centro de la propia bóveda. Herrera acató las órdenes del rey y colocó la columna, pero al término de las obras, cuando el rey se presentó para comprobar que todo era de su gusto, el arquitecto se subió a una escalera y pasó una hoja de papel entre el techo y la columna para demostrar al rey que la bóveda no estaba sujetando el peso del techo. A continuación, Herrera propinó una fuerte patada a la columna y la lanzó contra el suelo para concluir diciendo: “¿Veis majestad? Os dije que no se caería”. Y así se mantiene hoy la bóveda que, pese a que muchos visitantes se preguntan si es cóncava o convexa, es plana.

Los ladrillos de oro. Y, ¿si fueran de oro, los habría dejado ahí Napoleón después de expoliar el resto del Monasterio durante su ocupación en el siglo XIX? No, en realidad no son ladrillos y tampoco son de oro. Son pequeños relicarios de cobre en los que el supersticioso Felipe II guardaba huesos de santos y otros objetos que se creían sagrados, con la intención de proteger su edifico, especialmente de los rayos de las tormentas eléctricas de verano que acababan impactando siempre en las torres. Desde la fachada principal se puede contemplar uno de ellos en el cimborrio, aunque hay muchos otros por todo el edificio. Si bien, es cierto que muchos no se pueden ver a simple vista, porque han acumulado una gruesa capa de óxido y se han teñido de negro. Con respecto a estos ladrillos, se comenta que vino de visita el embajador de Francia y sugirió a Felipe II que cuidara mejor de su patrimonio y economizara en sus gastos, porque en una obra semejante “le iba a faltar oro y le iba a sobrar piedra”, a lo que el rey contestó años después, durante la siguiente visita: “Mirad y admirad… al final nos ha faltado piedra… y hemos tenido que terminar el edificio con ladrillos de oro”.

Risas, perros y renegados

La risa de Felipe II, es más un cuento bucólico que una leyenda, puesto que se dice que cuando suena la campana grande (La Fa Bordón) se levantan las cigüeñas por el ruido y se alejan crotoreando escandalosamente con sus picos, lo que recuerda a la risa de un rey que en vida se río bastante poco.

Una leyenda en toda regla es la del renegado. Un obrero del monasterio, creyendo en los rumores de que el rey no podría sufragar los gastos de tan magna obra, se hizo con una talega llena de monedas y se lanzó al monte con tan mala suerte que en su huída cayó en una ciénaga y se hundió allí con todo el dinero que había robado. También se dice que en el pecado llevó la penitencia.

El Can Cerbero también protagonizó su propia historia. Por lo visto, durante las noches se veía correr por el lugar la figura de un inmenso perro negro que atemorizaba a todos los presentes con sus aullidos. El rey dio orden de capturarlo, pero se creía que era el mismísimo perro que guarda las puertas del infierno, ya que como hemos dicho, el Monasterio se asienta sobre una de esas puertas. Así pues, fue el propio Villacastín, el obrero mayor, quien capturó al dichoso perro, que después ahorcó en el comedor para que todos pudieran verlo y convencerse de que no era el Can Cerbero.

Apariciones reales

Las esposas de Felipe II. También se comentó en tiempos que las cuatro mujeres de Felipe II (María de Portugal, María Tudor, Isabel de Balois y Ana de Austria) paseaban, después de muertas, con cirios en sus manos por la lonja del monasterio durante las noches de luna llena. Aunque esto no es más que una gota mas en el sinfín de apariciones que se asegura que pueden contemplarse en la zona. Aquí entra la credulidad de cada uno y las condiciones en que se quieran observar todos estos fenómenos.

Y leyendas como estas hay miles alrededor del monasterio de San Lorenzo de el Escorial, aunque para conocerlas es necesario visitar el lugar y entrar en contacto directo con el edificio y sus alrededores. Este es un paseo que no decepcionará a nadie.

 

Se atribuye al murciano Juan Alonso Almela, debido a la majestuosidad y grandeza del Monasterio el calificativo de OCTAVA MARAVILLA DEL MUNDO. Como recordatorio las que precedieron fueron:

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.- Las Murallas de Babilonia.

.- El Templo de Diana en Efeso

.- El Faro de Alejandría.

.- El Mausoleo de Artemisa.

.- Las Pirámides de Egipto.

.- El Templo de Júpiter en Olimpia.

.- El Coloso de Rodas.

Como dijo Miguel de Unamuno desde su primera visita al Monasterio “es un lugar que no debería haber español alguno, españolizante, esto es, “ dotado de conciencia histórica de su españolidad “ que no visitase alguna vez en la vida el Monasterio como los piadosos musulmanes la Meca.

Según la escritura de Fundación y Dotación del edificio, redactado por el propio Felipe II, el 22 de Abril de 1567, el motivo desencadenante fue la victoria sobre las tropas francesas en San Quintín el 10 de Agosto de 1557.

CARTA DE FUNDACIÓN

FRAGMENTO DE LA CARTA DE FUNDACION Y DOTACION DE SAN LORENZO EL REAL, OTORGADA POR EL CATOLICO REY DON FELIPE II el día 22 de Abril de 1567

“En el nombre sea de Dios Todopoderoso, Padre e Hijo e Espíritu Santo, que para siempre vive y reina, e de la gloriosa Virgen Sacratísima Nuestra Señora a cuya gloria y honor sea y enderece a todo lo que nos hiciéremos,e a honor y veneracion del bienaventurado Sanct Lorenzo a quien Nos tenemos particular devoción.

Sea manifiesto a todos:

Los que la presente Escriptura de fundación y dotación vieren como Nos, don Felipe, Rey de Castilla, de León, de Toledo, de Aragón, de las dos Cecilias, de Hierusalén, etc….

Reconociendo los muchos y grandes beneficios que de Dios Nuestro Señor habemos recibido y cada día recibimos, y cuando El ha sido servido de encaminar y guiar los nuestros hechos, e los nuestros negocios a su santo servicio, y de sostener y de mantener estos nuestros Reinos en su sancta Fee y Religión, y en paz y en justicia, entendiendo con esto cuanto sea delante de Dios pía y agradable obra y grato testimonio y reconocimiento de los dichos beneficios, el edificar y fundar iglesias y monasterios donde su sancto nombre se bendice y alaba y su Sancta Fee con la doctrina y ejemplo de los religiosos siervos de Dios se conserva y aumenta para que ansimismo se ruegue e

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interceda a Dios Nuestro Señor por Nos e por los Reyes nuestros antecesores y subcesores, e por el bien de nuestras ánimas, e la conservación de nuestro Estado Real, teniendo ansimismo fín e cosideración a que el Emperador y Rey, mí señor e padre, después que renunció en mí estos sus Reinos e los otros sus Estados, e se retiró en el monasterio de Sanct Hidrónimo de Yuste, que es la orden de Sanct Hierónimo, donde falleció y está su cuerpo depositado en el cobdecilo que últimamente hizo Nos cometió y remitió lo que tocaba a su sepultura y al lugar y parte donde su cuerpo y el de la Emperatriz y Reina, mí Señora y madre, habían de ser puestos y colocados, siendo justa cosa y decente que sus cuerpos sean muy honorablemente sepultados e por sus ánimas se hagan e digan contínuas oraciones, sacrificios, conmemoraciones e memorias; e porque otrosí Nos habemos determinado, cuando Dios Nuestro Señor fuese servido de Nos llevar para Si, que nuestro cuerpo sea sepultado en la misma parte y lugar, juntamente con el de la serenísima princesa doña María, nuestra muy cara y amada mujer, que asimismo tiene determinado cuando Dios Nuestro Señor fuere servido de llevarla de ser enterrada juntamente con Nos en el dicho Monasterio, e que sean trasladados los cuerpos de los infantes don Fernando y don Juan, nuestros hermanos, de las reinas doña Leonor e doña María, nuestras tías.

Por las cuales consideraciones fundamos y edificamos el Monasterio de Sanct Lorenzo el Real, cerca de la villa del Escorial, en la diócesi y arzobispado de Toledo, el cual fundamos a devoción y en nombre del bienaventurado Sanct Lorenzo por la particular devoción, que como dicho es, tenemos a este glorioso sancto, y en memoria de la merced y victorias que en el día de su festividad de Dios comenzamos a recibir.

E otrosí: le fundamos de la orden de Sanct Hierónimo por la particular afección y devoción que a esta Orden tenemos y le tuvo el Emperador y Rey, mí señor.

E demás de esto: habemos acordado instituir y fundar un Colegio en el que se enseñen y lean las Artes y Sancta Teología y que se críen e instituyan algunos niños a manera de Seminario, e se haga un Hospital, según que todo mas particularmente se declarará de yuso en esta escritura”.

EMPLAZAMIENTO

Pero, existían otros móviles y el rey, quiso construir un recinto que fuera a la vez templo, biblioteca, centro de estudio, lugar de refugio y meditación y que, además perpetuase la gloria de la Monarquía Hispánica y la grandeza de la casa de Austria.

El edificio se destinó por tanto a las siguientes funciones:

1.- Iglesia con panteón Dinástico, con un monasterio de monjes de la orden de San Jerónimo, para que los frailes orasen sin interrupción para la salvación de la familia real.

2.- Como Palacio, que alojase al Rey y a su séquito.

3.- Como Colegio y Seminario.

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El lugar que se determinó para la construcción fue a los pies del monte Abantos, en la ladera Sur de la sierra de Guadarrama, fue designado por una comisión que nombró Felipe II.

¿Por qué se eligió este lugar?

era una explanada ideal.

cercana a la corte de Madrid.

con abundante agua, leña y caza.

tenía gran riqueza en madera, granito, cal y arena.

El sentido de la designación, también, tiene su explicación en las creencias y cultura del siglo XVI, inspiradas en Raimundo Lulio.

El rey Felipe II, el arquitecto Juan de Herrera, el bibliotecario Benito Arias Montano y el jerónimo padre Sigüenza compartían unas mismas ideas. Era la época en que los españoles se creían el brazo de Díos en la tierra por el gran imperio que tenían, y el rey quiso levantar un nuevo templo como el de Jerusalén.

BOCA DEL INFIERNO

Llegamos a la primera curiosidad referente al sitio de ubicación según cuentan las leyendas

La comisión de expertos que aconsejo al rey, donde debía situarse el Monasterio, aplicó, disciplinas propias de la época: astrología, astronomía, geología, filosofía, etc. y las tradiciones propias del lugar. Estas, decían que donde se iba a edificar se llamaba boca del infierno”, Porque existían unas galerías de unas antiguas minas por donde se accedía al infierno y al construir encima de esas galerías se evitaba la salida de Satanás.

ESTRUCTURA EXTERIOR

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Comenzando por el exterior y en una visión rápida, el elemento arquitectónico del Monasterio es rígido, equilibrado y con una estructura parecida a una parrilla.

Las cuatro fachadas del Monasterio son diferentes entre sí:

Fachada oeste

La fachada principal esta situada en el lado Oeste, mide unos 207 de largo y 20 de alto, tiene un total de 180 ventanas, en este lado se encuentran los accesos al Colegio, al Convento de los frailes y a la Basílica.

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Encima de la entrada al templo existe una escultura de San Lorenzo, realizada por el artista toledano Juan Bautista Monegro, se trata de una pieza de cuatro metros de altura, cincelada en piedra berroqueña y que tiene la característica y curiosidad que la cabeza, pies y manos son de mármol blanco.

Existe una leyenda que hace referencia a que la mirada de San Lorenzo está fija en un punto determinado donde habría un tesoro, y que, según refieren las crónicas de la época durante la construcción del monasterio un escribiente de la pagaduría robó una saca de doblones de oro, los escondió en un cinturón alrededor del cuerpo para que no le vieran al salir, su idea era marcharse a Portugal a campo través, pero en su huída cayó en una charca de arenas movedizas donde quedó enterrado junto con las monedas de oro “.

  

Fachada Este

La fachada Este tiene 386 ventanas y en el centro se sitúa el cuerpo adosado

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que constituyen los cuartos reales y por encima está el frontispicio del templo.

  

Fachada Norte

En la fachada Norte están los accesos a la residencia real y la entrada de servicios al Colegio.

  

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Fachada Sur

La fachada Sur es la más equilibrada, mide 161 metros de largo y tiene 296 ventanas, esta fachada esta rodeada de unos jardines, llamado el jardín de los frailes y una galería por la que se comunica el monasterio con la universidad María-Cristina, llamada Galería de los Convalecientes, denominada así porque servía de paseo a los enfermos.

En esta fachada se encuentra una lápida conmemorativa de la colocación de la primera piedra, dice así:

AQUÍ EN ESTE LUGAR

FELIPE II

REY DE LAS ESPAÑAS.

MANDO COLOCAR LA PRI-

MERA PIEDRA DEL MONASTE-

RIO EL DIA XXIII DE ABRIL DE MDLXIII

EN PRESENCIA DE LA COMUNIDAD

DE LA ORDEN DE SAN JERONIMO Y

DE LOS MAESTROS Y OPERARIOS.

EL XXIII DE ABRIL DE MCMLXIII

FRANCISCO FRANCO

CAUDILLO DE ESPAÑA

HABIENDOLO RESTAURADO

MANDO COLOCAR ESTA LAPIDA

CONMEMORATIVA

CUBO DE PIEDRA

En la esquina de las fachadas norte y oeste existe un bloque de piedra en

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forma de cubo, aproximadamente de un metro de alto por otro de ancho, que tiene la curiosidad y misión de estar colocado para evitar que los carruajes, tanto las carretas de la obra como las carrozas de caballerías rozaran al pasar con las ruedas y herrajes el esquinazo de piedra.

Con este mismo fin, existen dos mojones de piedra a la entrada del palacio en la fachada Norte.

ÚLTIMA PIEDRA

Otra curiosidad es saber donde se encuentra ubicada la última piedra. Está pasando al patio de Reyes después de la entrada principal a la Basílica por la lonja. Entrando en el patio a la izquierda, en el último sillar de la cuarta pilastra, una cruz negra labrada en la curva de dicho sillar y en el sobrelecho del mismo se puso una urna con un pergamino con el día, el año, los evangelios y quien era el rey, el papa y el prior en ese momento.

PRIMERA Y ÚLTIMA PIEDRA DE LA BASÍLICA

También la Basílica tuvo su primera y última piedra. La primera en Agosto de1563 fue asentada al pie de uno de los cuatro pilastrones que sostiene la cúpula, en el mas próximo a la sacristía. La última se puso diecinueve años más tarde en la junta de la aguja que sostiene la bola, el 23 de Junio de 1582.

PATIO DE REYES

En el patio de Reyes existen unas esculturas de los seis reyes de Judea que ocupan la fachada de entrada a la Basílica. DAVID, SALOMON, EZEQUIAS, JOSIAS, JOSAFAT y MANASES.

Tanto la ubicación como la prestancia de las seis esculturas por su grandiosidad y magnificencia llenan por completo el frontal del atrio de la iglesia.

Las esculturas que tienen cinco metros de altura y casi seis toneladas de peso por cada una de ellas, las sitúan entre las más grandes de la estatuaria española.

Están realizadas en un solo bloque de granito, siendo las caras y las manos de mármol, mientras que las coronas y los atributos son de bronce dorado. Como curiosidad, diremos que la cabeza de JOSIAS, fue dañada por un rayo y posteriormente restaurada en el año 1856.

Existía un proyecto detallado de Juan de Herrera, que se encuentra en unos planos, en la biblioteca del Palacio Real de Madrid, que consistían en seis pirámides u obeliscos, rematados por bolas que marcaban el carácter funerario

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del templo. Cuando se sustituyó el proyecto por los seis reyes de Judea se trastocó algo más que un motivo ornamental, prevaleciendo la inspiración salomónica del Viejo Testamento. Este cambio dirigido por Felipe II no agradó a Herrera.

En los pedestales de las estatuas de los reyes figuran unas inscripciones

redactadas por el padre Francisco de los Santos, deduciendo de la lectura de estas sentencias que eran seis reyes, ejemplares, piadosos, justos, temerosos de Dios, sabios y amantes de la paz; eran a la vez poderosos luchadores contra la idolatría y además estos seis elegidos tenían un denominador común, el haber participado en alguna medida en la edificación del templo de Salomón.

   El citado padre Francisco de los Santos escribe:

“ Todos los Reyes formaban parte, de alguna manera, de aquel templo, que Dios se hizo construir entre su pueblo elegido, y se los representó aquí para dar a entender que también en estos tiempos felices está presente la voluntad de Dios, que impulsó al fundador Felipe II, el segundo Salomón español a construirle una maravillosa residencia en la tierra……”

Las inscripciones puestas en unas placas de mármol y de izquierda a derecha dicen así.

JOSAFAT

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LUCIS ABLATIS LEGEM PROPAGAVIT

Este rey se representa con el cordero de los sacrificios y con el hacha con los que destruyó los bosques paganos, fue un gran impulsor y propagador de la ley.

EZEQUIAS

MUNDATA DOMO PHASE CELEBRAVIT

Suprimió el culto a los ídolos y abrió nuevamente las puertas del templo. Tiene en sus manos una naveta que servía para colocar el incienso en el incensario, y según aseguran los jerónimos Sigüenza y de los Santos, originariamente era de oro. A los pies de la figura hay un macho cabrío.

DAVID

OPERIS EXEMPLAR A DOMINE RECEPIT

Primer rey de Judea, aparece con los atributos de un alfanje y un arpa, simbolizando que era guerrero y al mismo tiempo amante de la música. Está mirando hacía su hijo Salomón para transmitirle el mandato divino de construir el templo.

SALOMON

TEMPLUM DOMINO AEDIFICATUM DEDICAVIT

Segundo rey de Judea, representado con el libro de la sabiduría y el cetro, fue el verdadero constructor del templo. Fue un gran amante de la paz.

JOSIAS

VOLUMEN LEGIS DOMINI INVENIT

Reparó el templo y destruyó los altares dedicados a los ídolos. Lleva un rollo de pergamino con la ley, el Deuteronomio, que se encontró durante unas obras de restauración. Al contrario que los demás, sujeta el cetro con la mano izquierda reservando la derecha para la ley de Dios.

MANASES

CONTRITUS ALTARE DOMINI INSTAURAVIT

Ofendió a Dios, estuvo en cautividad y por eso lleva las cadenas. Arrepentido, se le representa con la escuadra y el compás utilizados en el levantamiento de una muralla en torno al templo.

Diríamos, que hasta 1577, año en que se colocaron las susodichas estatuas dos eran las posibles interpretaciones fundamentales del sentido del monasterio del Escorial:

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1.- Interpretación fundamental. Eran las razones funerarias y dinásticas que se derivan de la Carta de Fundación del monasterio firmada por Felipe II en el año 1565.

2.- Interpretación tridentina. Trento termina el mismo año del comienzo de las obras del monasterio, y el rey configura el Escorial como baluarte de la nueva religiosidad emanada de las conclusiones del concilio.

Estas seis figuras junto con la estatua de San Lorenzo las sacaron de una cantera de granito blanco que está muy cerca, lo que hoy es el emplazamiento del pueblo de Peralejo, desplazaron los bloques hasta la misma obra donde los esculpieron y lo rematarían haciendo las cabezas y las manos de mármol.

Como la piedra salió de la misma cantera sin que se agotara nació una letrilla que reza así:

Seis reyes y un Santo

Salieron de este canto

Y aún queda para otro tanto

BÓVEDA PLANA

Otro dato interesante y curioso es el referente a la bóveda plana.

Cuentan los historiadores Jerónimos, que la muerte del primer arquitecto real, que inició las obras del monasterio Juan Bautista de Toledo, produjo en el rey Felipe II una gran preocupación por la desconfianza que tenía para encontrar a otro artífice semejante para proseguir la obra. El discípulo de él, que era Juan de Herrera fue el más capacitado para sucederle, pero, Felipe II no era de los que otorgaban a la ligera su confianza. Sabedor de ello Herrera quiso realizar una cosa grande y notable para inclinar a su favor el ánimo del rey.

Al terminar la famosa bóveda plana del sotacoro de la Basílica, preparó en secreto una columna hueca de cartón, pintada de granito y la colocó bajo la bóveda como sustentándola por su piedra clave.

Entonces invitó al rey para que contemplase la obra y el rey nada más verlo puso un gesto de desagrado.

Herrera le preguntó al rey: “No le gusta a su Majestad esta obra, a lo que el rey respondió “me espanta semejante desacato al arte, las bóvedas, como los arcos Sr. Herrera, se sustentan por sí mismas, ¿y, donde se ha visto una columna sosteniendo una bóveda? Y precisamente aquí, en medio, donde más estorba el paso de la gente, así que tendrá que demolerlo todo y levantarlo de nuevo dejando despejado este centro”.

Herrera le dijo al rey: “pues no agradando a Su Majestad, sea ahora mismo “y sin mas dilación y dando un puntapié a la columna cayó al suelo quedando el

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rey asombrado ante la gran bóveda plana, que parecía sustentada en el aire como por arte de magia.

El rey exclamó: ¡OH! Juan Herrera, Herrera con los reyes no se juega”.

Desde aquel momento el rey le otorgó su confianza y le concedió el nombramiento de Arquitecto real.

LADRILLO DE ORO

Otra curiosidad, es la referente al famoso ladrillo de oro.

Se cuenta que el embajador de Francia, en una de sus visitas al Monasterio, asombrado ante la envergadura de la obra, y algo amoscado, también, porque el monumento recordaría perpetuamente la derrota de los franceses en San Quintín, dijo a Felipe II. Majestad! es muy fácil comenzar una obra tan ambiciosa, pero, el mérito esta en acabarla, porque el mundo esta lleno de monumentos inacabados. Veremos si le alcanza para ello el dinero de sus arcas y el oro de todas las Aricas.

  

Ante esta grosería no replicó nada el taciturno rey, pero al llevar a feliz término su obra y cuando estaban labrando el espigón o aguja mas alta de la cúpula, mandó Felipe II colocar en ella un ladrillo de oro, como réplica al desconfiado embajador, y aún otros dos, en las dos torres de las campanas.

Volvió el embajador francés al Escorial una vez terminado el Monasterio y preguntó al rey de donde procedían aquellos fulgores dorados que se veían en lo alto del Cimborrio. El rey, irónicamente, le contestó: ¡aquello! “ah, sí “al final de la obra nos faltó la piedra y nos sobró el oro y por eso mandé colocar allí

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ladrillos de oro”.

Toda esto es una bonita leyenda para ser contada, pero la realidad es que ni ladrillos ni de oro. Es sencillamente una urna o caja de reliquias de Santa Bárbara, cubierta con una lámina de 40/50 cm. de bronce dorado a fuego, y, a conciencia, como se hacían antes las cosas, ya que después de cuatro siglos, refleja como el primer día los rayos del sol.

Esta plancha dorada tiene grabadas en su cara exterior una oración que dice “ruega por nosotros Santa Bárbara para que nos veamos libres del rayo y de la tempestad”.

Aprovechando esta curiosa anécdota les contaré una tremenda odisea de un alumno del real Colegio Alfonso XII que sucedió en el año 1927.

Fueron los años de las hazañas de grandes aviadores en su afán de sobrepujar todas las marcas y récords en el campo de la aviación, así: BYRD y BENNET volaron sobre el polo Norte, RAMON FRANCO y RUIZ de ALDA atraviesan el atlántico en el hidroavión Plus-Ultra, desde Palos a Buenos Aires. El comandante LORIGA voló con su escuadrilla “El Cano” desde Madrid hasta Manila. LIMBERG, atraviesa en solitario el atlántico norte desde Nueva York a París.

Este afán de superación germinó en el cerebro de un muchacho interno del colegio llamado Ramón de Lucas Ortueta, era un joven de catorce años, de conducta ejemplar, modelo en todos los órdenes, sencillo, callado, nada presumido ni jactancioso.

Pues a este chico se le ocurrió escalar por el pararrayos la gran torre de las campanas, situada a la izquierda de la fachada del templo por el patio de Reyes. Al estar interno, ocupaba una habitación que da al patio de Reyes. A medianoche salió de su cuarto, se dirigió al patio menor, contiguo a la capilla del colegio, se agarró al pararrayos y subió por él en la oscuridad de la noche sin mas recursos que los músculos de sus manos y sus pies, recorriendo los tramos horizontales largos con que el pararrayos salva las tres cornisas muy salientes y voladizas de la torre, por las cuales tuvo que avanzar horizontalmente de cara a las estrellas. Salvó la cúpula de granito y la aguja o pirámide cuadrangular donde esta uno de los “ladrillos de oro” y llegó a la gran bola de bronce que se apoya en la cúspide de la pirámide, en la curva del pararrayos sobre el meridiano de la bola dejó atado un pañuelo blanco flameando al viento. Bajó por el mismo camino y se fue tan tranquilo a dormir a su habitación.

Allí quedó durante unos días el pañuelo porque el monasterio no disponía ya del cuerpo de ágiles pizarreros de antaño y tuvieron que armar un andamiaje para arriar el pañuelo.

Se envió al héroe a su casa para disuadir a los demás de todo empeño de superación, y en Junio se le admitió para realizar los exámenes finales, que superó tan fácilmente como la escalada de la torre.

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AULLIDO DEL MONASTERIO

Como una leyenda, surgió un asunto realmente ridículo al parecer, pero dio lugar a un escándalo que se difundió con increíble rapidez por Madrid y por toda España.

Se decía, que, entre los andamios de las obras del Monasterio, aparecía todas las noches un perro negro misterioso y de mal agüero, que lanzaba tristes y angustiosos aullidos como un alma en pena. Aquello era, para unos, un severo aviso de Dios por los despilfarros enormes que se hacían para levantar un convento fastuoso para unos monjes, mientras se empobrecía el pueblo con cien impuestos y gabelas.

Este suceso, aunque los monjes no creían en esas fábulas y fantasías no veían el medio de acabar con ellas.

Una noche, estaban los monjes cantando los maitines en el coro de la Iglesia Vieja (la Iglesia que tuvieron los monjes hasta que terminaron de construir la Basílica) cuando se oyó de pronto un tremendo y prolongado aullido que retumbó en las bóvedas del claustro principal, agrandado por el profundo silencio de la noche.

Resonó varias veces estos aullidos y el terror que produjo suspendió los rezos y los cánticos de los monjes, dejándolos clavados en sus asientos y mas de uno pensó que iba a aparecer por la puerta aquel fantasma, o alma en pena o el mismo diablo en persona.

Entonces, el prior mandó al monje Fray Villacastín, el cual salió del coro acompañado de otros religiosos para que averiguara el motivo de los aullidos. A los pocos pasos tropezaron con un gran perro negro, hermoso, manso y zalamero que se dejó prender sin resistencia.

Esta tremebunda fábula tiene una muy sencilla explicación: El marqués de Navas, amigo y consejero de Felipe II, entró un día para visitar las obras del Monasterio, acompañado de su magnífico sabueso. A la salida, el perro quedó perdido y preso entre aquel laberinto de grúas, materiales y corredores sin acertar con la salida, y así, perdido, hambriento y sobre todo, sin compañía lanzaba esos tristes gemidos. Al oír ese pobre perro las voces varoniles de los monjes en el coro arreció en sus aullidos angustiosos, esperanzado en encontrar la compañía y la libertad.

Parece ser lo ahorcaron y lo tuvieron así a la presencia de todos para eliminar el bulo y la leyenda negra que había nacido.

SACRISTÍA Y SAGRADA FORMA

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Una joya que tiene el Monasterio y que habitualmente ni se visita ni la enseñan los guías, es la Sacristía.

En su interior se encuentra una Sagrada Forma eucarística, que fue traída al Monasterio, en tiempos de Felipe II y que desde su hijo Carlos II, se la ha tributado y se la sigue tributando culto público dos veces al año:

El 29 de Septiembre, festividad de San Miguel

El 28 de Octubre, fiesta de San Simón y San Judas.

   Estos días se han modificado desde el año pasado y solamente se abre la Sacristía al culto público el último domingo del mes de Septiembre. También ese mismo día se exponen al público y se abren los relicarios laterales del retablo de la Basílica.

La Sacristía, es una sala abovedada de 30/11/9 alto, sirve para revestirse los monjes y sacerdotes de vestimentas sagradas, algunos de estos ornamentos que tienen datan del siglo XVI

Al fondo de la Sacristía aparece un altar con un lujoso retablo de jaspes y mármoles, en el centro del retablo se encuentra el famoso cuadro de Claudio Coello:LA SAGRADA FORMA”, verdadera joya y maravilla de arte.

Pero es que detrás de este lienzo se oculta una joya y maravilla mayor, de valor infinito para un católico.

Me refiero a la SAGRADA FORMA de El Escorial, y que se conserva allí desde hace siglos. La historia de esta Sagrada Forma es la siguiente:

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A finales de Julio de 1572 algunos seguidores del reformador ZWINGLIO irrumpieron en la iglesia católica de Gorinchën a 55 Km. de la Haya en Holanda, entonces bajo el dominio de Felipe II.

El odio sectario de todo lo que fuese católico, iglesias, reliquias, etc. les llevó a apoderarse de una hostia consagrada del copón que se exponía en el altar. Uno de los asaltantes del templo cogió la forma y arrojándola al suelo la pisoteó, abriendo en ella tres orificios con los clavos de sus botas, de los que brotó sangre, todavía hoy se observa claramente en los bordes de los tres agujeros, la sangre, aunque seca y con un color rojo desvaído por el paso del tiempo.

Ante este hecho los profanadores se turbaron y el que la pisoteó fue a dar cuenta de lo sucedido al rector de la Iglesia, éste recogió la forma consagrada y ambos, rector y profanador huyeron de la ciudad.

Se fueron a Malinas donde se refugiaron en un convento de franciscanos y durante su estancia el profanador se convirtió y vistió el hábito de esa orden.

La ciudad de Malinas fue tomada por los sublevados, con el consiguiente caos público y para evitar una nueva profanación de la Sagrada Forma, se la entregaron a Andrés de Hórst, gentilhombre de la ciudad, para que la custodiase bajo la atenta mirada de los padres franciscanos.

Después, pasó a un noble alemán y capitán del ejército de Austria, llamado Fernando Weidner y tras una serie de vicisitudes, llega a manos de los duques de Cardona, y fue la duquesa la que resolvió enviar a Felipe II, como en otras ocasiones había hecho con otras reliquias, por mediación de su hija la marquesa de Navarrés residente en España.

Se sabe que la Sagrada Forma fue entregada a Felipe II por la marquesa de Navarrés a principios de 1594, y poco después el rey la enviaría al Monasterio.

Como hemos dicho anteriormente, se le tributa culto a la Sagrada Forma el último domingo del mes de Septiembre.

Cuando recibe Felipe II la Sagrada Forma la mandó colocar en el relicario de la Anunciación, pero a causa pavoroso incendio el 7 de Junio de 1671 los monjes jerónimos trasladaron todas las reliquias a un lugar seguro, siete días después, una vez limpia la Basílica volvieron todas las reliquias a su punto de origen.

Pero, fue Carlos II en 1675 hijo de Felipe II y último rey de los Austrias, sube al trono a los catorce años y un año después, en el otoño del 1676 visita por primera vez el Escorial y oye el relato de la Sagrada Forma, le impresiona y decide el traslado a un lugar más digno, la capilla de la sacristía.

Carlos II mandó al pintor Claudio Coello el lienzo del altar, y mediante un sencillo mecanismo y un torno, desciende el cuadro al piso debajo de la sacristía dejando al descubierto el altar con la Sagrada Forma.

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RELICARIOS

Como Felipe II tenía una gran afición a las reliquias dotó al Monasterio de una de las mayores colecciones de reliquias del mundo católico.

La colección se compone de unas 7.500 reliquias que se guardan en 507 cajas o relicarios. Las reliquias fueron distribuidas por todo el Monasterio, encontrándose las más importantes en la Basílica.

En el lado del Evangelio, bajo la protección del Misterio de la Anunciación de María, se guardan todos los huesos de las Santas y mártires. En el lado opuesto, en el altar de San Jerónimo las reliquias de los Santos y mártires.

Aparte, hay infinidad de armarios relicarios por otras dependencias del Monasterio, principalmente en el coro, pero los principales están guardados en dos grandes armarios, decorados por Federico Zúccaro, y se encuentran divididos en dos cuerpos, pudiéndose abrir por delante para ser expuestos al público y por detrás para acceder a las reliquias.

Estos relicarios se abren una vez al año para la exposición a los fieles el día de todos los Santos.

SALA DE LOS SECRETOS

Otra curiosidad es la sala de los Secretos, que se encuentra situada, saliendo de visitar el panteón de Infantes hay una pequeña sala sin ningún ornamento y bastante oscura y lóbrega.

Sobre esta sala existe una curiosa leyenda:

Como el Monasterio se construyó en veintiún años sin interrupción con un plan de arquitectura, un mando de obra y un plan económico, a veces el rey se encontraba con apuros económicos para pagar a artífices y obreros.

El primer arquitecto Juan Bautista de Toledo le escribió a Felipe II en cierta ocasión una carta hábil donde le reprochaba esas deficiencias en el pago con un símil entre la agricultura y la arquitectura. Decía así:

“Para que el campo produzca sus frutos se necesita el riego del agua en sus debidos tiempos, y, si falta ésta las plantas se vuelven mustias. Lo que es el riego para el campo es el dinero para las obras, que en faltando éste se paralizan y retroceden”.

El rey al leerla escribió al margen de la carta:

“Bien filosofea aquí Juan Bautista sobre la falta de dinero, y, aunque la haya habido, no creo que haya sido tanta que no se pueda entretener la obra

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algunos días, como se hace en otras partes”.

Mas tarde, en tiempos de Herrera, se cayó en la misma falta, y, como suele suceder todos murmuraban pero nadie se atrevía a manifestárselo al rey, solo Herrera encontró un medio de decírselo sin riesgo.

Por entonces Herrera había terminado de construir la famosa sala de secretos, donde dos personas colocadas en ángulos opuestos pueden conversar, sin chillar y con enorme claridad, mientras que los que están en medio no oyen nada, debido a que la voz emitida en un ángulo, por sucesivas reflexiones converge en el ángulo opuesto.

Felipe II fue invitado a colocarse en el ángulo, donde, a veces se oían voces misteriosas o de ultratumba. Mientras los cortesanos charlaban en el centro de la estancia, Herrera sin ser notado ocupó el ángulo opuesto y dijo al rey con voz falseada y cavernosa:

¡Majestad! Que hace tres semanas que no cobran sus trabajadores y, ¡esto no está bien!

¡Quien sois vos que así osáis hablar…!

¡Soy el ángel de la guardia de los laborantes!

Entonces Herrera se retiró al centro de la sala, junto con los cortesanos. El rey receloso y sorprendido se dirigió al grupo central preguntando si habían oído voces extrañas.

Nadie, majestad, aquí nadie ha hablado mas que nosotros y no hemos oído ninguna palabra extraña. Impresionado profundamente Felipe II, pagó desde entonces puntualmente a todos sus artífices y laborantes.

CARILLÓN

Otra curiosidad y que además está de actualidad es la referente al CARILLON.

Se trata de un instrumento musical que ha pertenecido al monumento desde su fundación, es el único instrumento histórico del país.

Es originario de Flandes y Felipe II lo mandó traer una vez acabada la obra del Monasterio e hizo venir a un maestro carillonista flamenco que no carillero ni campanero.

Los registros y descripciones se refieren a él, como órgano de campanillas o campanas de la música.

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   En el año 1671, hubo un devastador incendio que destruyó completamente el carillón, cuentan las crónicas del jerónimo padre Sepúlveda, que, el bronce derretido caía desde la torre como arroyos de agua.

Con el bronce recuperado se funde en 1673 la campana llamada “GABARDON”, alojada hoy en la torre del reloj.

En el año 1674, y por deseo de la reina Dª. Maríana de Austria se instala un nuevo Carillón.

En 1826, con motivo de otro incendio se destruye parcialmente.

Por fin, en 1988 se reconstruye el instrumento por la fundición holandesa Royal-Eijsbouts. La reconstrucción se hace respetando las características de sonoridad, pero también se dota al nuevo instrumento de modernos mecanismos para el toque manual y automático.

El actual instrumento se dedica a la reina Sofía, dedicatoria que figura fundida en las campanas, junto a sus escudos y los del Real Monasterio.

El Carillón consta de 47 campanas repartidas en cuatro octavas cromáticas, y la campana mayor, la más grave pesa 1610 Kg. de peso y su tono es un Re.

Las campanas están sujetas a una armadura de hierro y los badajos van conectados mediante cables de alambre a dos teclados de palancas, uno se accionan con los puños y el otro con los pies.

El carillonista titular es D. Manuel Terán que ofrece unos conciertos los días

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siguientes:

.- el primer Domingo de cada mes después de la Misa de una de la Basílica.

.- en la festividad de San Lorenzo el 10 de Agosto.

.- el día de la Virgen de Gracia, patrona de San Lorenzo, segundo Domingo de Septiembre.

.- el día de la Hispanidad.

.- el capítulo de San Hermenegildo.

En el año 2008 hubo un primer encuentro internacional del Carillón de San Lorenzo, con lo que se pretendía contribuir a un mejor conocimiento y apreciación de éste instrumento musical, así como a su debida proyección internacional.

En el año 2009, durante los días 27 y 28 de Julio fue el segundo encuentro internacional entablándose relaciones culturales con Portugal. En el año anterior esas relaciones fueron con San Quintín en Francia.

En España solo hay dos carillonistas, uno Manuel Terán del Escorial y otra, Ana-María Reverte en Barcelona.

DATOS GENERALES

Como colofón, aunque los números siempre aportan una visión fría y distante de los monumentos, sin embargo, recurrimos a ellos por ser indicativos de la auténtica magnitud de la obra escurialense, estos, son los siguientes:

…. Altitud sobre el nivel del mar, 1029 m.

…. Duró su construcción desde el 23 de Abril de 1563 hasta el 13 de Septiembre de1584, es decir, 21años, 4 meses y 18 días.

…. Dimensiones del cuadrilátero principal de la planta de 207/156 m.

…. Superficie de planta: 35.000 metros cuadrados.

…. Un Cimborrio de 92 m. de altura por 83 de diámetro.

…. Los campanarios tienen 72 m. de altura.

…. Las torres angulares tienen 45 m. de altura.

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…. Tiene 9 torres.

…. 15 claustros.

…. 16 patios.

…. 88 fuentes.

…. 11 aljibes.

…. 86 escaleras.

…. s de 1200 puertas.

…. 2.673 ventanas.

…. 4.000 habitaciones, salas y salones.

…. El retablo mayor tiene 14 m. de ancho por 26 de altura.

…. La lonja Norte tiene 36 m. de anchura.

…. La lonja poniente tiene 52 m. de anchura.

…. El patio de Reyes mide 64/38 m.

…. La biblioteca mide 54 m. por 9 de altura.

…. La biblioteca guarda 75.000 volúmenes 5,200 códices manuscritos.

…. Tiene una colección de 224 cantorales. Tienen unas medidas de 110-115/90 de ancho. Cada volumen tiene 70 pergaminos. Esto supone unas 16.000 pieles de machos cabríos.

…. Tiene 1.600 cuadros y 540 frescos.

…. Conserva 7.422 reliquias.

…. Tiene 9 órganos.

…. Tiene 73 estatuas de bronce, mármol, piedra y madera.

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