Retablo opuesto a puerta de acceso a la Sacristia

En la Sacristia

Animado Carlos II a reorganizar el ornato de la Sacristía para
dar así cumplimiento a la penitencia papal motivada por la profanación
del recinto religioso tras la detención de Valenzuela, a la
vez que, como también ha sido sugerido, para celebrar la liberación
de Viena en 1684 del poder otomano, el soberano dispuso la colocación
de la reliquia de la Sagrada Forma en el altar de este recinto,
trasladándola desde el relicario de la Anunciación en que permanecía
desde tiempos de Felipe II. Y al mismo tiempo ordenó la hechura
de un nuevo retablo con camarín, cuyas obras se iniciaron en
1684 y se ultimaron seis años después, siendo inaugurado el conjunto
el 29 de octubre de 1690. Al parecer, el maestro mayor de las
obras reales José del Olmo fue el autor de las trazas, aunque no debe
olvidarse la posibilidad de que también pudiera haber intervenido
Cristóbal Rodríguez de Jarama, por entonces maestro de obras
en El Escorial.
El retablo, que corresponde al tipo que Martín González ha calificado
de retablo-tramoya, ocupa todo el testero opuesto a la
puerta de acceso a la Sacristía; consta de tres calles y dos cuerpos y
está integrado por bronces dorados, mármoles y jaspes. A ambos
lados del altar, sobre el que se alza el lienzo de Coello, se encuentran
unos relieves de bronce dorado con sendas representaciones de
figuras femeninas. A su vez, encima de unas puertas de madera sobre
cuyos dinteles reposan otros tantos leones de bronce dorado a
fuego portadores de un cetro y de un globo terráqueo, aparecen
unos relieves de mármol blanco que rematan en medio punto. En el
del lado izquierdo se narra el momento en que el emperador Rodolfo
II de Alemania envía la reliquia de la Sagrada Forma a Felipe II,
quien en el otro relieve la recibe con gran veneración en 1592. A su
vez, sobre los relieves se explayan sendas águilas de bronce dorado,
de cuyos picos pende el collar del Toisón de Oro.
En el segundo cuerpo se desarrollan otras dos escenas también
en medio relieve, pero en forma de tondo. Una de ellas escenifica el
momento en que los herejes zvinglianos pisotean la Sagrada Forma
en Gorcamia (Holanda) en 1572, mientras que en la otra se cuenta
la conversión de uno de ellos para tomar el hábito de la orden
franciscana en el convento de Malinas al comprobar que de la Forma
manaba sangre tras haberse producido el acto sacrilego. Las dos
escenas redondas rematan en un serafín que lleva una corona real
sobre la cabeza y palmas de bronce dorado también en las manos.
Coincidiendo con las pilastras y columnas del cuerpo inferior, apa-

recen en este segundo piso seis figuras de putti de blanco mármol y
de pie, portadores sobre la cabeza o en las manos de broncíneos
motivos vegetales. Toda esta ornamentación se combina con cartelas
de bronce dorado en el friso principal y de rosetas, hojas y festones
en los frisos menores.
Consta que los adornos de bronce dorado fueron realizados por el
italiano Francesco Filipini, que ocupaba el puesto de relojero del rey
y ayuda de furriera según el P. Santos. Es posible que fuese este
mismo monje Jerónimo quien ideara los temas para los relieves, así
como la inscripción que aparece en la parte superior del retablo. En
cuanto a los relieves de mármol, poco más puede decirse salvo que
resultan barrocos más por la época en que fueron trabajados que por
el movimiento, ignorándose por el momento su autor, acerca del que
nadie ha aventurado nombre alguno, aunque pudiera ser algún escultor
clasicista italiano con claros recuerdos del bolones Alessandro
Algardi, como ya hemos indicado en anteriores ocasiones.
El frontal del altar de la Sacristía (110 x 235 x 28 cm.), realizado
en cobre y bronce dorado, parece datar de fines del siglo XVI.
Presenta historias en relieve del Nacimiento, en el centro, y de la
Anunciación y la Epifanía, a los lados. En el borde figuran los
Evangelistas, los Padres de la Iglesia, San Juan Bautista, San Lorenzo
y dos santas. Al parecer fue elaborado con restos de otro
frontal traído de Flandes para el altar mayor de la Basílica, pero
que, al no ser a propósito, se colocó en el de la Sacristía. Sin embargo,
según el Inventario de los bienes de Felipe II que se realizó a
su muerte, se dice que se encontraba en el Guardajoyas y que había
sido comprado a doña Inés de Terreros, añadiendo que, por estar
desbaratado, lo tenía Juan de Arfe para repararlo y colocarlo en un
altar del Monasterio. Asimismo se precisa que la grada la tenía su
yerno Lesmes Fernández del Moral, por lo que cabe imaginar que
ambos maestros habrán intervenido en su actual aspecto.

Sobre nosotros Nicolás Jiménez Hernández

Dinamizador de inquietudes, creador de ideas, redactor de programas y proyectos, impulsor y gestor de iniciativas, promotor y comunicador. Gran capacidad de trabajo individual y en equipo, de adaptación a los cambios y para incorporar avances tecnologías al trabajo cotidiano.

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